Categorías
Personajes

Ulises de James Joyce

La novela más importante del siglo XX: Ulises de James Joyce.

A Roberto Arlt no le gustaba James Joyce. En el prólogo de Los lanzallamas, la segunda parte de Los siete locos, es donde él dice que en realidad comenta todo esto porque se estaba defendiendo de las críticas que le hacían a él, a Arlt. Muchos lo criticaban porque escribía mal o porque escribía muy crudo, cosa que es cierta, pero era importante para el relato que estaba llevando a cabo, y entonces él dice “y bueno de Joyce no dicen nada y Joyce escribe incluso cuando va al baño y cómo evacúa el vientre” y es cierto.

Joyce escribe esas y otras muchas cosas, porque de eso se trata Ulises. En realidad Ulises se trata de muchas cosas, pero si la tuviéramos que definir en pocas palabras, es un día en la vida de un promotor que se llama Leopold Bloom y del joven Stephen Dedalus, que va a terminar siendo una especie de protegido para él, al menos durante ese día y un poco sobre la esposa de Bloom, que es Molly Bloom, cantante profesional. ¿Qué se propuso Joyce al escribir el libro?

Lo que se propuso Joyce es mostrarnos toda la riqueza, la infinita riqueza interna que tienen los seres humanos y que pueden mostrar los seres humanos en pocos minutos de reflexión y de vida.

Si nosotros realmente tuviéramos que escribir el día de una persona completo, pero completo, con todo lo que piensa, con todo lo que hace, con todo lo que insinúa, con los pensamientos que no llega a materializar, con los proyectos que va evaluando, con los recuerdos del pasado, con los que se va repitiendo o los que va celebrando, si tuviéramos que hacerlo, no nos alcanzaría toda la literatura del universo. Pero Joyce lo intenta, lo intenta sacando lo fundamental. A veces, nos olvidamos de que la riqueza interna que tenemos es tan inmensa.

Se ha dicho que las conexiones cerebrales que nosotros tenemos superan con mucho a la cantidad de partículas elementales que hay en el universo; así que se pueden dar una idea de las capacidades que tenemos.

Son inconcebibles, ese es el adjetivo justo. Entonces lo que hace Joyce es tomar una técnica que ya estaba sobrevolando el ambiente literario cuando él escribió Ulises, que solemos llamar “libre fluir de conciencia”. El “libre fluir de conciencia”, como ya la expresión lo indica, es el método del escritor cuando nos informa de lo que piensan sus personajes.

Ahora bien, ese pensamiento de los personajes del que nos informa el escritor, puede estar incluso en la literatura más popular del mundo, como en un bestseller “Marcela se puso a pensar en este momento si ella tenía que prestarle atención a los elogios de Fernando. Entonces pensó: “Fernando me mira mucho ¿realmente está interesado en mí?” Bueno, eso es un “fluir de conciencia” y eso es el pensamiento de Marcela en el momento y tal cual ella lo está pensando. Ahora, detengámonos en este punto: tal cual ella lo está pensando no. La literatura se toma licencias, porque si no se tomara esas licencias sería ilegible. La manera normal en que nosotros pensamos es muy compleja y tiende a ser caótica. Una de las cosas que hace Ulises es tratar de rescatar ese factor caótico que tenemos y por eso, por momentos se hace difícil de leer para las personas que no están preparadas para una obra tan pretenciosa.

Joyce en cada capítulo va a tratar de relevar todas y cada una de las posibilidades del pensamiento; eso implica frases que no terminan, frases que se mezclan con otras frases, frases que empiezan antes de tiempo o terminan antes de estar completadas como recién decíamos al principio y también, toda la fantasía que ocupa el cerebro de una persona en el momento de estar pensando. ¿A qué alude eso? Miramos a una chica bonita y nos acordamos de una actriz bonita de cine, evaluamos la actitud de un político y nos acordamos de la actitud de nuestro tío o de nuestro padre… todo eso va a estar metido en los pensamientos de los personajes de Ulises y nosotros trataremos de seguirlos de la mejor manera posible.

Ulises es una novela muy, pero muy muy rica y muy pero muy entretenida, el único problema que tiene, es el que suelen tener muchas obras de arte magnánimas: es que uno tiene que tomarse el trabajo de meterse en el universo del escritor.

Dije magnánimas no dije magnas que es otra cosa, magnánimas porque yo creo que el escritor nos otorga algo y tiende a ser indulgente con los lectores que se enfrenten a una obra tan monumental. Una vez que uno se mete en el mundo de Joyce, una vez que uno se mete en los recursos de Joyce, empieza a disfrutar y empieza a disfrutar mucho. Ustedes habrán escuchado más de una vez, en reuniones de amigos, tipo tres de la mañana, con unos cuantos vasos de cerveza encima, que uno pregunta siempre “¿Qué libro se llevarían a una isla desierta?”

Uno siempre piensa que se llevará un libro lleno de riquezas, un libro que pueda analizar y reanalizar varias veces. Hay pocos libros en rigor, que tienen esa posibilidad. Está La divina comedia, la Biblia inclusive que se puede leer de muchas maneras distintas. Están los cuentos de Borges, que uno podría leer hasta saberlos de memoria y aún así le seguirían deparando sorpresas. Bueno, Ulises depara sorpresas permanentemente; ha sido objeto de muchísimos análisis y esos análisis distan todavía años de ser agotados.

¿Por qué se llama Ulises la obra? Entre todos los juegos que la novela tiene, ese es uno de los más pintorescos. Joyce leyó un clásico de la literatura y de la condición humana La Odisea de Homero y Ulises capítulo a capítulo, trata de hacer una especie de alegoría sobre aquellos cantos de La Odisea. Esa alegoría llegó a ser tan importante y ya el título lo llevaba al lector a pensar en eso que, en principio los episodios de esta novela tenían los mismos títulos que los cantos de La Odisea.

Se llamaban Ítaca o El cíclope o Los Lestrigones, etc. Joyce se los había puesto. Después le agarró una especie de neurosis muy típica de los escritores de que él era un creador original, que efectivamente lo era, era uno de los más originales de la historia, pero le pareció demasiado usar los títulos de los cantos de Homero, entonces esos títulos desaparecieron de la obra tal cual la conocemos, pero pasaron al análisis literario y, cada vez que nos referimos a Ulises, seguimos usando aquellos títulos que en principio Joyce adaptó y que siguen siendo los títulos de los cantos de La Odisea.

Insisto, nos referimos a un capítulo específico como “Las sirenas”, porque hay un título de La Odisea que se llama “Las sirenas”; nos referimos a otro como “Penélope”, porque hay una alusión a Penélope en La Odisea. Tampoco es que Homero le haya puesto títulos a sus cantos, sino que esos títulos con el pasar del tiempo fueron canonizados por otros analistas literarios de la antigüedad y llegaron a nosotros así. La historia, y acá me remito a Borges, de un hombre que busca una isla querida, perdida y que vuelve a su sitio natal después de haber tenido una gran aventura, es una de las más repetidas de la historia de la humanidad y evidentemente, si lo es, es porque tiene mucho que ver con nosotros. Muchos lo sintetizan en la frase “El viaje del héroe”, que se puede reducir a palabras muy simples: el héroe va en busca de algo, se aleja de su lugar de origen y después vuelve a su lugar de origen, cambiado. 

Acá también tenemos un viaje del héroe, pero tenemos un viaje de un héroe moderno, y es el viaje de un día, empieza a la mañana y termina por la noche. Más bien termina en la madrugada del día siguiente. Con un Bloom cambiado, y, todo lo cambiado que puede estar un ser humano en un día que no ha deparado tampoco emociones realmente importantes.

Además Joyce tomó un día específico. Porque como además en la novela también se describe el clima, como estaba el cielo, y algunos otros detalles específicos, tenía que tomar un día específico, que es el 16 de junio de 1904.

Pasan los episodios desde la mañana, empezamos con Stephen, como decíamos, van tomando como referente los cantos de La Odisea, así que Stephen sería un poco el Telémaco, el hijo de Ulises y, Leopold Bloom, que aparecerá en el cuarto capítulo será un poco, como el Ulises de esta novela. Hay también ahí otra parodia, porque todos sabemos que Ulises, Odiseo, el personaje tanto de La Ilíada como el protagonista de La Odisea, era un héroe en toda la línea: fuerte, astuto, inteligente, guapo, noble y Bloom es un pobre hombrecito.

Es un publicitario, con todo el aspecto de un burócrata, que sin embargo, esto es un hallazgo, otro de los tantos que tiene la novela, mantiene cosas oscuras en su alma, que las vamos desgranando a medida que el relato avanza.

Podríamos dar miles de ejemplos, pero seguimos más que nada, porque nos parece lo fundamental con la estructura de la novela: aparte del recurso del “libre fluir de conciencia”, cada capítulo tendrá un estilo diferente.

Así, hay capítulos que están hechos en la forma teatral, con diálogos dramáticos, que suceden ya cerca del final, cuando Bloom se encuentra con Stephen y tiene que ir a rescatarlo de una calle de mala vida. Está todo narrado en estilo teatral y con las típicas acotaciones del director incluidas.

Hay capítulos que remedan el relato del folletín, como cuando Bloom se queda distraído durante un buen rato mirando una bella muchacha en la playa, el capítulo se llama “Nausícaa” aludiendo a un personaje femenino, también de La Odisea. Atención cuando digo “se llama” es como lo llamamos, acordémonos que Joyce no quería llamarlos así, pero bueno, las obras literarias universales son un poco de todos. Adquieren personalidad. Se queda un rato ahí mirando a una chica en la playa, y ese capítulo está narrado con el estilo del folletín.

Hay un capítulo ya casi al final, final con preguntas y respuestas, le suelen llamar “El catecismo de preguntas y respuestas”, donde todo el relato avanza con una pregunta, y la respuesta que se desarrolla le explica algo más al lector, viene una pregunta nueva y así una atrás de la otra y atrás de la otra y atrás de la otra. Hay capítulos narrados desde distintas perspectivas, de personajes que se cruzan entre sí. Hay capítulos narrados desde la voz de un personaje totalmente anodino, que no había aparecido en la novela durante las primeras doscientas o trescientas páginas y narra un capítulo específico que transcurre en un bar. Los nombres que les da Bloom, a veces son paródicos, a veces tienen una relación más directa con lo que va a contar, como el capítulo de “las sirenas”, donde está en una cena tomando algo con unos amigos y las tenderas están en chancletas por debajo del mostrador, aludiendo un poco a la forma del cuerpo de las sirenas y al mismo tiempo, aparte de esa parodia, el capítulo tiene como leitmotiv la música y eso también lo relacionan con las sirenas.

Con esto quiero decir que muchas veces la relación es doble, por un lado es cómica y por el otro es seria, hasta el borde de ser pomposa, y de esa manera el autor va juntando, va tratando de juntar todas las formas literarias conocidas en su época, por lo menos las más habituales y yo creo, algunos críticos lo discutirán, que su mejor trabajo llega en los capítulos finales, la mayoría de los cuales los hemos mencionado recién. Otro de los capítulos que llegan sobre la última parte, sobre el final ya, es cuando Bloom va a ver a una parturienta y se encuentra afuera con unos cuantos amigotes, se quedan a beber y el capítulo está narrado haciendo un repaso de la literatura inglesa desde tiempos inmemoriales hasta ahora, es decir, cada dos o tres párrafos cambia el estilo, y así pasamos del estilo de los cantos más viejos que conservamos de aquella Inglaterra, hasta el estilo de Charles Dickens.

Siempre narrando el mismo capítulo, siempre narrando la misma historia y llevándolo así y de esa manera, hasta el final. Siempre dentro de la mente de Bloom. Todos los capítulos están dentro de la mente de Bloom y de la mente de otros personajes. Obviamente la mente de Bloom destaca, porque es nuestra mente señera aquí, con la que se espera que nos identifiquemos.

Tratándose de una obra tan caudalosa, las opiniones difieren mucho aunque hay tendencias más bien establecidas. Mi capítulo favorito es el que acabo de referir, el de los muchachos esperando ahí a la parturienta y narrado en estilos de distintos escritores a través de los siglos. Pero el capítulo favorito de la crítica suele ser el último, que a veces ni siquiera Joyce lo consideraba como el último capítulo, sino más bien como una adenda o un post scriptum de toda la novela, y es un monólogo interno de la esposa de Bloom, en duermevela, Molly Bloom. Molly es, como habíamos dicho ya, cantante profesional y además es una avezada adúltera; engaña a nuestro personaje y gran parte del monólogo va a ser recordando la aventura que tuvo ese día mientras Bloom estaba ocupado de pasear, dedicarse a su trabajo, ver a sus amigos y desear a otras mujeres. Entonces Molly va a recordar, va a hablar de Bloom que se acaba de acostar con ella, atravesado creo, porque primero se acuesta como a los pies.

Va a recordar su aventura, va a recordar de alguna manera su vida, porque todos sabemos que en el cerebro una cosa va llevando a la otra y nunca sabemos a dónde va a terminar y Molly, que tampoco sabe a dónde va a terminar, necesita de Joyce que sí lo sabe, porque este monólogo va a cerrar la novela, va a ser un monólogo que se envuelve un poco en sí mismo y va a alcanzar de esa manera lo que Joyce quería alcanzar, como todo gran escritor de una obra magna: tratar de contarlo todo, tratar de dar la idea de que uno lo ha abarcado todo.

La influencia de Joyce en los escritores del siglo XX y hasta ahora, es inenarrable. Toda su creación, su permisividad de darse ese lujo, de narrar cada capítulo en un estilo distinto, su penetración en la mente de los personajes que da un paso más allá de la forma en que otros escritores lo presentaban, dándose el lujo de volverlo caótico por momentos, todo eso marcó muchísimo a los escritores que lo sucedieron e insisto, esto llega a hasta nuestros días.

La historia más recreada de la humanidad, el viaje de Ulises, ingresa en nuestra era de la mano de James Joyce, pero los personajes no navegan por el Mediterráneo, sino que vagan por la ajetreada Dublín de principios del siglo pasado. Por lo demás, Escila y Caribdis, los cíclopes, las sirenas y la ninfa Calipso, pueden ser indistintamente las pasiones, las culpas y los recuerdos, cuando no los vagabundos, los empleados o las prostitutas. Un día en la vida del publicista Leopold Bloom, del estudiante Stephen Dedalus, un día nada más, contado en sus más íntimos detalles. Un buceo por la mente humana, donde una hora de vida interna puede ser tan fascinante como los trabajos de los héroes clásicos. Un collage de estilos literarios, géneros y niveles culturales. Todo eso es Ulises, reputada desde 1922 cuando se publicó, como la “mejor novela del siglo”, pedestal del cual las décadas siguientes, no pudieron bajar.

Si te gustó ¡SUSCRÍBETE! Mamiroca – YouTube

Por admin

MAMIROCA 📚 Canal de @YouTube para los adictos a la CULTURA GENERAL 😜
NO compramos #Suscriptores, así que ¡SUSCRÍBETE!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *