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Don Quijote

Hay mucho que decir sobre Don Quijote, además de lo que se viene diciendo en los últimos cuatro siglos.

Siempre hay algo más que agregar y también siempre es bueno resumir lo que han dicho otros y ver las conclusiones que podemos sacar a partir de allí.

¿Qué es Don Quijote?

Eso depende de cómo lo vea cada uno, pero parece haber un acuerdo general de que es la primera novela moderna.

¿Y qué quiere decir la primera novela moderna?

Básicamente, es una novela que no tiene un género definido. No es una novela picaresca, como era habitual en la España en la que Cervantes la editó, ni es exactamente una novela pastoril y obviamente no es una novela de caballerías en el sentido estricto. Tal vez, el hecho de que nos va hablar bastante de cómo piensa cada uno de sus personajes, le haya dado ese toque con muchos ingredientes psicológicos y haya llevado a esa consideración de modernidad que después le dieron los expertos.

La idea de Cervantes, un escritor por entonces poco conocido, que había intentado hacer teatro a instancias de hombres mucho más famosos como Lope de Vega, que al principio lo habían protegido y que terminaría siendo uno de sus rivales más acérrimos, era parodiar las novelas de caballerías. Vamos a empezar como hacemos siempre en ponerle marco a la situación.

¿Qué eran las novelas de caballerías?

Eran un poco como las historietas de la época. Personajes muy estereotipados, aventuras inverosímiles, héroes prácticamente perfectos, en su nobleza y en su valor, enemigos feroces, y unas historias simples donde los enemigos feroces eran vencidos después de muchas vicisitudes y donde el personaje se ennoblecía cada vez más a medida que transcurría el relato. Donde todo terminaba bien y eran además historias de aventuras en el sentido más estricto de la palabra. Eran historias de aventuras fáciles de leer.

Estamos hablando de una época donde la mayoría de la gente era iletrada, entonces cuando decimos fáciles de leer nos referimos al universo de la gente que sabía leer: nobles, algunos hidalgos, que es prácticamente un equivalente de caballero; de hecho cuando traducen “Don Quijote” al inglés, incluso los que no la han leído sabrán que cuando empieza caballero se traduce como gentleman.

El personaje del que va a hablar Cervantes era un hombre de buena posición, que sin ser noble no era un campesino ni un aparcero. La aventura de las novelas de caballerías eran muy habituales entre toda esta gente que leía y habían sido objeto de muchas críticas por varios lados porque eran inverosímiles, exageradas y la mayoría de ellas, salvo honrosas excepciones no tenían gran valor literario.

De esa crítica se agarra Cervantes para escribir su obra. La idea que se le habrá ocurrido así repentinamente parece muy inequívoca cuando uno la tiene. Nosotros hemos pasado cuatro siglos desde la edición de Don Quijote y hoy nos parece a casi todos una obra maestra de la literatura: hablamos de ella, la analizamos, pero de repente pensar que un hombre de unos cincuenta años, por haber leído demasiado las novelas de caballería, se vuelve loco y en medio de ese delirio se cree él mismo un caballero valiente, se le ocurre a uno como escritor y uno duda.

Nosotros juzgamos el arte con “el diario del lunes”, entonces se nos hace falsamente la idea de que a Cervantes se le ocurre esa idea y empieza a saltar y a pensar “qué fantástico lo que se me acaba de ocurrir…”

Y no es así, lo cierto es que justamente por ser ideas muy innovadoras, las ideas muy innovadoras siempre llenan de duda a su creador, por el hecho de que lo que se innova siempre es un riesgo, entonces podemos imaginar que habrá empezado a escribir esa novela titubeando, esa primera novela moderna.

Cervantes era hasta entonces un escritor de poca monta, en realidad no sabía escribir novelas, había concluido un par que habían sido editadas y los críticos suelen decir que “pocas veces habían leído algo anti-novelesco”. En realidad el conflicto está mal creado, se detiene demasiado en poemas que dicen sus personajes y parecía más un hombre hábil en la prosa, pero inhábil en el argumento; lo que con cuatro siglos de distancia y sabiendo que después escribió Don Quijote, parece una ironía ¡pero es la verdad!

Era un hombre inhábil para escribir argumentos, supongo que su por entonces amigo Lope de Vega se lo habrá dicho y habrá tratado de ayudarlo en eso. ¿Entonces qué es Don Quijote? Es un hidalgo, un caballero, un hombre de cierta posición económica pero sin ser un noble ni mucho menos, insistimos en eso y lo de cierta posición económica es igual relativo, es decir, no pasaba por las privaciones que pasaba un campesino, pero tampoco estaba rodeado de servidores ni tenía todo al alcance de la mano.

Andaba por los cincuenta años, que es una de las primeras cosas que dice la novela, que en la época que está relevando Cervantes, significaría como tener sesenta ahora: un señor con una barba en punta, delgado, enjuto de carnes, como él mismo dice, no un anciano, muy lejos de ser un anciano, pero sí un hombre que no esperamos que diga “yo soy un gran caballero andante y las doncellas van a suspirar por mí”.

Ya la parodia empieza de entrada.

Este hombre que se llama Alonso Quijano, es un muy buen hombre, que se ha perdido y en eso pone el acento Cervantes, por leer todas estas historietas de la época, que son las novelas de caballería.

Lo que más quiere señalar Cervantes y lo hace describiendo en muchas oportunidades la cultura y la habilidad de razonar correctamente que tenía Don Quijote, es que justamente un hombre tan culto, se ve como abstraído por esa literatura de baja calidad y eso supongo que era lo que lo enojaba.

Don Alonso Quijano de tanto leer se empieza a creer caballero, se busca un nombre asimismo tomado un poco inspirado en lo que él conocía de los caballeros, porque lo típico era que tuviesen un nombre muy rimbombante y que ese nombre incluyera el lugar de dónde venían.

Amadís de Gaula era el caso más típico y de donde Don Quijote toma la mayoría de la parodia, es el referente que toma para parodiar. Este hombre de unos sesenta de ahora, se cree caballero y se escapa de su casa, donde solamente hay una ama de llaves y una sobrina muy jovencita, según Cervantes que no llegaba a los veinte y tenía un mozo de campo y plaza, que era un asistente que hacía un poco de todo, que algunos analistas han señalado con mucha ironía que es un personaje que Cervantes menciona en su primer capítulo y no vuelve a aparecer en toda la novela.

A todos los escritores, por más grandes que sean se les olvida algo; o hay un personaje que fue mencionado y no aparece o dijeron que fulanito tenía unos padres amorosos y resulta que es huérfano, o dijeron que van a contar una historia que transcurre en una semana y después resulta que dura un bimestre completo; eso ni siquiera Shakespeare, ni Dante han podido liberarse de esa molestia permanente porque el hecho de escribir implica tener montones de cosas en la cabeza.

Es cierto que la mayoría de los escritores contemporáneos llevan una especie de agenda y tienen un montón de vidas metidas en la cabeza. Suele ser un comentario simpático que no le quita ningún mérito a la obra, más teniendo en cuenta cómo escribía aquella gente.

Llegaba a escribir con la pluma de ganso dos o tres palabras y tenían que volver a mojarla; la pluma de ganso debía ser reemplazada cada pocos días porque se gastaba en tres o cuatro días. Una vez que escribían, la tinta tenía que ser secada sobre una especie de hornillos y soplar arriba.

Es decir, uno tenía que escribir una novela, como en el caso de Don Quijote, con doscientos o trescientos personajes, sin un blog a mano, a la luz de las velas; nada de fijarse en la computadora… entonces se perdían.

A Cervantes le pasa más que a la mayoría, porque él está tan concentrado en lo que él quiere decir y muchas veces da la impresión de que no releía lo que él mismo había escrito, entonces ahí empezaban las contradicciones. La esposa de Sancho aparece con cuatro nombres distintos.

Imagínense, él escribiendo ese novelón, tenía que aparecer por las circunstancias del relato la esposa de Sancho que ya diremos su nombre, sabía que tenía que aparecer la esposa de Sancho en una circunstancia nueva y se quedaba un rato pensando y no es como ahora que uno revisa rápido en el Word y la encuentra, no, había que revisar las páginas escritas, revisar una por una, a la luz de la vela y eso era un incordio que podía llevar horas, que los escritores como Cervantes que no tenían un buen pasar, no se podían permitir perder ese tiempo.

También digo todo esto porque a veces los escritores contemporáneos no saben las ventajas enormes que tienen con la computadora.

Sucede que los escritores de historias de largo aliento, se nutren de la cultura permanentemente. Dicen “voy a mencionar a Alejandro Magno”, voy a hacer tres o cuatro párrafos, pero no me acuerdo las batallas que ganó, ni por dónde había pasado su ejército, etc; en aquella época tenían que ir a la biblioteca, recordar el libro donde estaba ese dato, buscar la página, leerla, tener el libro a mano y recién seguir escribiendo. El escritor moderno, abre una ventana y se mete en Wikipedia y sigue escribiendo.

Realmente ser escritor en aquella época era una tarea sagrada en la que había que poner mucha pasión y Cervantes había tenido esa pasión desde siempre, pero no había conocido el éxito.

El mozo se le olvidó a Cervantes, lo dejó ahí y aparece en una sola frase en un libro que, depende la edición tiene setecientas u ochocientas páginas más o menos. Don Alonso Quijano de tanto leer novelas de caballería, se va poner un nombre de caballero acorde con las “novelas que le habían secado el cerebro” para usar la expresión de Cervantes. Como se llamaba Alonso Quijano, Quijano Quijote, Quijote suena lindo y era de La Mancha, así que Don Quijote de La Mancha, que se ha vuelto un estereotipo en nuestro mundo de hoy y ya vamos a explicar por qué.

Don Quijote sale como dice él a “desfacer entuertos” que significa ayudar a los menesterosos y castigar a los malos. ¿Por qué dice desfacer y no deshacer? Porque la f se usaba en lugar de la h, que usamos posteriormente en la época que revelan las novelas de caballería que Don Alonso Quijano leía.

El lenguaje que Don Quijote va a usar él mismo cuando hable con otros personajes, ya era antiguo en el momento que él lo usa y le daba a los que lo escuchaban una idea de qué pie coxeaba, cojeaba se escribía con x en esa época (es una expresión muy española que quiere decir “cuál es la debilidad que la persona tiene”) entonces escuchar a un tipo en esa época decir “vengo a desfacer entuertos” o “hermosa doncella esperadme”, le daba una idea de que este tipo estaba colifato, como efectivamente estaba.

La psicología contemporánea ha analizado a Don Quijote de mil maneras distintas. No sé el nombre que se le da al tipo de delirio que tenía, porque además los psicólogos no coinciden en eso, pero sí es verosímil y Cervantes lo hace verosímil.

Para explicarlo en pocas palabras era un hombre que quería resucitar la época de las caballerías en su propia época, pero que por lo demás era un hombre cultísimo y refinado; sabía de muchísimas cosas, podía sostener conversaciones inteligentísimas y eso de alguna manera lo va a ayudar en esta aventura que va a correr.

Esta aventura consiste en eso: sale con unas viejas armaduras que habían sido de su bisabuelo, todas herrumbradas, agarra una lanza de las que tenía en el galpón, agarra su caballo, esquelético… como insinuamos al principio de esta charla, no nos olvidemos que era una especie de burgués pero venido a menos, o sea que no es que tenía una gran caballeriza con unos alazanes espectaculares.

Agarra el único caballo que tiene, el pobre corcel tiene un aspecto bastante triste, pero él lo ve como si fuera el Babieca del Cid, como dice el mismo texto de Cervantes o el Bucéfalo de Alejandro. Busca un nombre para el caballo, porque obviamente no podés salir a buscar aventuras con un caballo sin nombre.

Esa cosa rimbombante que tenemos los seres humanos, muy particularmente los varones que parece que es una marca de género. Eso lo lleva, al que ya es Don Quijote a ponerle el nombre a su caballo y le pone Rocinante.

No sé si está en la novela pero lo de Rocinante es como “el rocín de antes”, de ahí debe haber venido la palabra.

Todo esto narrado en el primer capítulo. No es que vamos a narrar capítulo por capítulo, pero el primer capítulo es muy importante. Así que el hombre ya tiene puesta la armadura herrumbrada, tiene las viejas espadas, la lanza, roma, y se ha puesto su propio nombre y le ha puesto nombre a su caballo.

¿Qué le falta a un caballero para ser un caballero como corresponde? El amor de una mujer.

Si bien Cervantes no se detiene en contarnos cómo fue la vida amorosa de Don Quijote, podemos presumir por su personalidad que no ha sido precisamente una vida amorosa radiante, ni frondosa, ni mucho menos, y lo que nos confirma eso es que cuando tiene que elegir una mujer para amar, se le ocurre una muchacha de la que él había estado enamorado en su juventud, quizás a los treinta años, no sabemos, porque tampoco sabemos la edad que tiene la muchacha ahora, aunque es muy posible que sea más joven que él, porque si él andaba entre los veintipico, treinta años, no sería raro que ella tuviera quince o dieciséis.

Se llamaba Aldonza Lorenzo, era del Toboso, pero Aldonza no era nombre para la mujer amada por un caballero. Entonces busca un nombre para ella también y le pone Dulcinea, muy bello, no cualquier Dulcinea sino Dulcinea de Toboso.

Sale a buscar aventuras, no nos detendremos en las primeras aventuras que tiene, pero es obvio que le salen mal, termina apaleado hasta que un vecino pasa por allí porque él no se puede levantar por el peso de la armadura y lo lleva de nuevo para casa.

“- Acá lo encontré a Don Alonso, me dijo que era Don Quijote, no sé qué cosa medio rara, ténganlo en el dormitorio, me lo guardan un tiempo hasta que se recupere el hombre, porque está chalado… tullido y chalado, las dos cosas…”

Y aquí aparecen dos de los personajes que van a ser importantes durante el resto de la obra: el cura y el barbero. Siempre mencionados así en tándem; el cura era también un hombre muy culto, el sacerdote del pueblo que había sido un hombre graduado en la universidad y el barbero era un hombre lleno de sentido común y también muy despierto; los dos lo conocían y le tenían estima a Don Alonso y al verlo así, le recomiendan a la ama y a la sobrina (al mozo de campo y plaza no porque no aparece más como ya dijimos) que lo cuiden y no solamente hacen eso, sino que van a la biblioteca de Don Quijote, agarran los libros, salvan unos pocos y los demás los tiran al fuego.

Una verdadera inquisición particular, porque argumentan que “éstos son los malditos que le hacen creer al tipo ahora que es un caballero andante.”

Don Quijote pasa un tiempo en la casa tranquilo, pero no recuperado, y después va a salir otra vez. Pero esta segunda vez que sale y se escapa de la ama y de la sobrina, y del cura y del barbero, y va a buscar un escudero que le permite a Cervantes crear uno de los mejores personajes de la obra, junto con Don Quijote.

El sentido común de Sancho Panza es lo que lo ha hecho perdurar en la historia y lo que nos ha ayudado a muchos en muchas situaciones de la vida, porque de Sancho Panza nacen muchos refranes que todavía hoy perviven en la cultura y en la idiosincrasia española y de todos los que tenemos raíces españolas.

Don Alonso Quijano, ya convertido en Don Quijote, habiendo encontrado un nombre para sí, habiendo agarrado a su caballo y poniéndole un nombre competente y habiendo encontrado la mujer para amar, se había olvidado de algo importante: todos los caballeros andantes tienen un escudero.

Entonces habla con un vecino suyo, un campesino, un buen hombre, “un buen hombre, si es que se le puede dar ese nombre a alguien pobre” dice Cervantes con ironía “pero de poca sal en la mollera”, incluso quienes no conozcan el refrán pueden deducir qué quiere decir, que era un hombre más bien básico y de eso se trata también gran parte del espíritu de la novela.

Este hombre se deja convencer por Don Quijote de que la vida de escudero es una vida interesante y que va a volver con muchos beneficios.

Entre otras cosas le promete que lo va a dejar gobernando alguna isla, porque Don Quijote ha leído que en las novelas de caballería los caballeros premiaban a sus escuderos por su fidelidad o su lealtad, y si de repente les tocaba gobernar algo como pasaba en esas épocas, lo podía dejar a él a cargo. La cuestión es que de ahora en adelante van a ser Don Quijote y Sancho Panza.

Esa es una breve síntesis de los primeros capítulos donde Don Quijote confunde unas cosas con otras, eso va a ser permanente en la primera parte de la obra, porque la segunda tiene características propias que vamos a explicar sin ninguna intención de arruinar nada, por eso lo explicamos de manera que el lector pueda entender con qué se va a enfrentar, pero al mismo tiempo disfrute palabra a palabra, lo que Cervantes escribió.

La aventura más conocida, la de los molinos de viento, es una confusión que Don Quijote tiene porque en vez de molinos de viento ve gigantes, los gigantes aparecían todo el tiempo en las novelas de caballería, y ni siquiera los escritores de aquellas novelas de baja calidad se ocupaban de narrar muchas alternativas, sino que la novela era “llegó el caballero tal y de un tajo le arrancó la cabeza a tres gigantes…” una cosa así. Como en los videojuegos o como ciertas historietas actuales, no todas, por supuesto hay algunas de gran calidad, pero no son la mayoría. Un poco como las películas de superhéroes.

Las novelas de caballería eran como las películas de superhéroes, o sea, personajes estereotipados, muchas aventuras, muchos estímulos de acción permanentes además y una empatía difícil de entender con los personajes porque como todo es una aventura y todo es muy “plástico”, algo así era la novela de caballería con un poquito más de nobleza.

La aventura de los molinos de viento la citamos porque es una de las más conocidas y citamos sólo una más porque va a ser muy importante para referirnos a la segunda parte. En la primera parte Don Quijote y Sancho se topan con unos galeotes que eran llevados a trabajos forzados, una costumbre muy habitual en la época y en todos los países de aquella era y le pregunta a cada uno de estos galeotes que van todos encadenados mientras los vigilan, le pregunta por el delito de cada uno y todos le responden.

El hombre más interesante es el último, un tal Ginés de Pasamonte, un hombre según dice Cervantes “buen mozo, despierto” pero que lo va a mostrar después porque toda la aventura termina cuando Don Quijote los libera, lo va a mostrar como un desagradecido porque ni él ni el resto de los galeotes le agradecen, sino que Don Quijote termina otra vez apaleado y esta vez con Sancho, que también termina apaleado, y empieza a entender lo que significa ser escudero de un caballero andante, que hasta este momento, el pobre, iba ahí a los tropiezos. Ese personaje es Ginés de Pasamonte, es otro de los personajes más importantes de la novela, a pesar de que aparece sólo un par de veces, ya diremos por qué es tan importante.

La primera parte termina cuando a Don Quijote lo rescatan otra vez y toda la segunda parte va a ocuparse de la tercera vez que Don Quijote se escapa. Cervantes lo llama “salidas”, suena más importante.

La primera parte de Don Quijote sale en 1605, la segunda sale diez años después en 1615. Es natural porque estas novelas eran trabajosas, no solamente porque eran novelas de calidad, sino por el trabajo que representaban como ya hemos contado antes.

Pero en 1614 sucede un hecho que va a ser un golpe para Cervantes. Sale una segunda parte de mano de otro autor.

Cuando ustedes lean análisis de Don Quijote van a ver que se refieren a esa obra como el “Don Quijote apócrifo” o “El falso Quijote” porque el autor no sabemos quién es; firma él esa parte como “Alonso Fernández de Avellaneda, natural de Tordesillas”, pero es obviamente un seudónimo porque no existía tal hombre y hasta hoy no sabemos qué nombre ocultaba el seudónimo aquel.

¿Por qué sale esta obra y por qué un hombre se toma el trabajo de escribir una novela de cientos de páginas solamente para mortificar a Cervantes?

Bueno, porque había muchas enemistades en la literatura de la época como las hay ahora. Cervantes se había hecho de muchos enemigos y entonces, si bien era cierto que se usaba mucho en la época que una mano distinta continuara la obra empezada por otro, en este caso, es todo una confabulación y se nota.

Para empezar porque esta segunda parte, que sale en 1614 inicia con un prólogo donde el autor anónimo “le da con un caño” a Cervantes, se burla de él de todas las formas habidas y por haber, y reconoce que la ha escrito para quitarle la gloria a Cervantes de la Segunda Parte.

La obra se vende razonablemente bien, Cervantes se entera de la existencia de esa obra y de su edición y se apura para terminar la segunda parte de Don Quijote que está escribiendo él, Lo cual hace que pensemos que todo resulta de una manera medio irónica porque Cervantes para contestar a esa segunda parte apócrifa, dice “bueno, yo tengo que terminar la mía y editarla ya”, lo cual fue una decisión feliz porque cuando Cervantes edita la segunda parte , su segunda parte de Don Quijote en 1615, muere a los pocos meses.

Termina la obra y como si fuera su canto del cisne, ya no le queda mucho tiempo. Le podemos agradecer a Avellaneda “darle un empujón” a Cervantes para terminar la obra y así la obra, la verdadera, la Segunda Parte sale en 1615 con un prólogo donde Cervantes empieza diciendo que “seguramente el lector está esperando que él mande invectivas y ofenda e injurie al autor desconocido que ha sacado la segunda parte el año anterior, y el dice que no le va a dar esa alegría a nadie porque insinúa que él es un hombre noble que no hace eso.”

Ahora bien, como ha señalado Federico Jeanmaire, un compatriota nuestro muy amante también de Don Quijote, Cervantes dice eso, que no va a dar el gusto de “lanzar invectivas y de injuriar” y después en el prólogo no hace otra cosa que eso.

¿Vieron cuando una persona te dice: “mirá no quiero ponerme mal con vos” e inmediatamente se toma diez minutos para decirte cosas que te ofenden? Bueno, eso hizo Cervantes en el prólogo de la Segunda Parte, le dice de todo a Avellaneda con el estilo que él tiene como escritor, que se siente muy tranquilo con su conciencia, y que no cree que aquél intento de quitarle gloria vaya a ser efectivo, como efectivamente no fue.

Se ha discutido mucho quién es Avellaneda, el autor de esa segunda parte apócrifa; hay algunas cosas delirantes, hasta a Lope de Vega lo han señalado, cosa que no es verdad porque en el estilo lo notaríamos; por más genial que un hombre sea y Lope de Vega era un genio, no puede cambiar tanto el estilo como para que uno no se de cuenta quién estaba detrás de ello.

La teoría más aceptada es que el autor era Ginés de Pasamonte, el ladronzuelo de los galeotes, o sea el personaje real en quien Cervantes se había inspirado: habían sido compañeros en una batalla y este hombre se sintió ofendido y parodiado en el personaje de Ginés y por eso escribió la obra. 

Otra teoría dice que fue una operación de marketing de Cervantes, pero eso también significaría que Cervantes cambió un poco su estilo para escribir esa parte y no parece probable. Tenemos la idea de que esas cosas son reproducibles, pero tenemos muchas ideas que nos persiguen y que no sabemos exactamente cuál es la verdad. Hemos sintetizado las dos opiniones más extendidas sobre el autor de ese Quijote apócrifo, porque otra cosa más en favor de la teoría de la operación de marketing, es que hay referencias de una obra a la otra en ambas.

No es raro que Cervantes conociera esta obra desde antes de que se editara, porque las novelas llevaban años de trabajo; hay capítulos similares, es como si hubieran tenido una misma idea y cada cual lo narrara a su modo, entonces da toda la impresión, de que Avellaneda conocía lo que estaba escribiendo Cervantes y Cervantes conocía lo que estaba escribiendo Avellaneda.

Insisto en este punto porque eso significa que la edición del Quijote apócrifo no debe haber sido una sorpresa absoluta para Cervantes y sabía que alguien estaba haciendo eso . Probablemente, quizás esto ya es especulación mía, Cervantes confiaba en adelantarse y sacar su Segunda Parte antes, si esto fuera así.

Y el encarnizamiento no tiene necesariamente que ser porque conocía o porque no conocía, también le estaba dando publicidad a las tres obras: a la primera, a la apócrifa y a la segunda parte. Las tres eran un combo, un buen paquete de libros.

Es de señalar que cualquier persona puede conseguir varias ediciones de Don Quijote en cualquier librería, porque es una de las obras magnas de la humanidad, pero conseguir el Quijote que escribió Avellaneda es más difícil.

Si bien hay algunas ediciones, pero solamente los doctores en literatura y los curiosos la leen para ver lo que había. Quien la lee ve eso justamente, que hay capítulos que parece la misma idea narrada por dos autores, lo que da también la impresión de que si Avellaneda era rival de Cervantes como probablemente lo haya sido, Cervantes lo que hizo, cada vez que tomaba argumentos similares para la verdadera “Don Quijote” es enmendar la plana, es decir “no, eso no se cuenta de esa manera, esto se cuenta así”. 

Es interesante porque eso nos remite al otro tema: la Segunda Parte de Don Quijote en el sentido literario, es mejor todavía que la primera. Habían pasado diez años entre una y la otra y empieza de una manera que va a marcar toda la segunda parte.

Cervantes en un momento de la primera parte, atribuye toda la obra a otro escritor.

Usa un recurso muy típico que también es una parodia de las novelas de caballería, porque las novelas de caballería muchas veces decían “esto que ha sido escrito por” y ahí nombraba un escritor de nombre muy rimbombante “Fulanito de tal, hijo de fulano de tal, escribió esto.” Es un recurso literario que se usa hasta ahora, si bien se usaba antes, a todos nos quedó la marca de Cervantes más que cualquier otra.

Cervantes también atribuye Don Quijote, a este pobre hidalgo que se cree caballero a un tal Cide Hamete Benengeli, que sería un escritor moro, un doctor que se había ocupado de eso, como otros se ocuparon de Amadís de Gaula o de Palmerín o de cualquier otro de los caballeros típicos.

Esto le da la puerta de entrada para el recurso literario cumbre que va a usar en la Segunda Parte y que llega hasta nuestros días: la segunda parte empieza con los personajes de la novela hablando de la “Don Quijote” que se ha editado, es decir, hablan, dicen en la novela “que hay una novela escrita por un tal Cide Hamete Benengeli” y ¿quiénes hablan sobre esa novela que es la primera parte que nosotros ya hemos leído? Sobre esa Primera Parte hablan Don Quijote, Sancho Panza, un nuevo personaje que aparece, un bachiller que es un hombre culto, Sansón Carrasco, hablan todos y es más, si va a haber una característica en toda la segunda parte de Don Quijote es que todos los personajes importantes han leído la primera parte.

Lo que hace Cervantes es refundir todo lo que ha pasado y en esto de refundir y aprovechar todo lo que ha ocurrido, entra Avellaneda también, entra el apócrifo también. ¿Por qué?

Porque todos los personajes han leído la Primera Parte de Don Quijote, la que escribió Cervantes, obviamente; esa primera parte va a determinar que quieran conocer a Don Quijote, quieren conocerlo como nosotros querríamos conocer hoy en día a un hombre o a una mujer de los que se ha escrito algo y todo el mundo está hablando.

Lo quieren conocer, lo conocen, se siguen burlando de él, pero toda esta parte tiene la característica de que hay un punto de partida y ese punto de partida es el mismo de donde parte Alonso Quijano para convertirse en Don Quijote: la literatura.

Él se convierte en Don Quijote por la literatura y los personajes de la Segunda Parte conocen quién es Don Quijote por la literatura, por la novela Don Quijote. Sansón Carrasco es el que le comunica a Don Quijote “hay una novela sobre usted y sobre Sancho.”

La ironía llega hasta tal punto que Sancho Panza comenta, cuando le comentan a él de qué se trata la novela, porque Sancho Panza es iletrado, refiere Sancho “dicen que la novela tiene diálogos que pasaron entre mi señor Don Quijote y yo que no sé cómo el autor llegó a conocerlos.”

Cervantes ironiza sobre sus personajes, ironiza sobre su propia obra e ironiza sobre sí mismo y así empieza la segunda parte. Pero no hace solamente esto. En la primera parte había habido algunos errores de impresión, era algo muy típico en la época, si lo es ahora, en la época mucho más; había habido algunos errores de impresión de los que se habían burlado todos los enemigos literarios de Cervantes, incluido Lope de Vega que no perdía ninguna oportunidad de hacerlo, entonces ¿qué hace Cervantes? podría no hacer nada o podría enviar una carta pidiendo explicaciones o podría quejarse con los editores de las injurias. No, no hace nada de esto.

Como los personajes de la Segunda Parte están hablando de la Primera Parte del libro ya editado, mencionan también los errores que tiene, lo atribuyen tal vez al corrector, Cervantes mismo en la Primera Parte, no Cide Hamete Benengeli, ¡el autor mismo es criticado por Sancho Panza y por Don Quijote! En un momento Sancho Panza dice “ha mezclado tal fruta con tal otra”, como diciendo “metió todo en una misma cosa no sabe lo que está diciendo”.

Sancho Panza era muy refranero, cosa que fue heredada a los españoles de todos los siglos posteriores y siguen estando en la cultura popular; los más sonados pertenecen al lenguaje cotidiano: se dice el refrán sin necesidad de explicar nada más. Es algo de lo que Sancho echa mano permanentemente y en este punto no es la excepción, Sancho critica al autor de Don Quijote, Don Quijote critica al autor de Don Quijote… se ponen en un diálogo donde le encuentran ciertos aciertos a la Primera Parte y le encuentran muchos errores también.

Lo fantástico es que Cervantes haya aprovechado absolutamente todo, incluidos los errores, incluidas las metidas de pata que había cometido, para hacer uno de los capítulos iniciales más bellos que conoce la literatura.

Y lo hacen sentir a uno muy en compañía en ese momento porque los mismos personajes, uno siente que están hablando con uno que es el lector, sobre la obra que uno está leyendo y se detienen para hacer eso.

En la Primera Parte del Quijote, Cervantes, que era un gran lector de Las mil y una noches, no sé si los biógrafos lo han destacado, pero se nota por la manera en que narra ciertas cosas. En Las mil y una nocheslo típico era que hubiera un relato dentro de un relato, dentro de otro relato, se interrumpe en un momento la acción de Don Quijote y en una venta que están todos, que es una especie de hospedaje, el cura encuentra un libro y les relata a todos los presentes una historia que estaba metida ahí con tirabuzón, que no tiene nada que ver con la acción principal. Cuando termina el relato el cura hace un comentario y sigue la acción principal y ésa es una de las críticas que le habían hecho los contemporáneos a Cervantes.

Eso también lo comentan los personajes cuando empiezan, dicen por qué el autor hizo eso, si debió o no debió hacerlo, etc. y no solo eso sino que, debemos considerar que cuando Cervantes está escribiendo los primeros capítulos de la Segunda Parte, la segunda parte apócrifa de Avellaneda todavía no había salido, faltaba mucho para que saliera. Presuponemos que Cervantes se puso a escribir la Segunda Parte al poco tiempo que se editó la Primera, entonces hacía unos años que la estaba escribiendo y cuando Avellaneda saca su segunda parte apócrifa, Cervantes le estaría dando ya los últimos toques a la propia.

Pero cuando empieza esos capítulos esa parte no había salido. Ahora bien, en esta Segunda Parte que escribe Cervantes no solamente todos los personajes han leído la Primera Parte, sino que se va a mencionar los personajes, Don Quijote y todos los demás, van a mencionar la novela apócrifa de Avellaneda. La van a mencionar para denostarla, por supuesto.

Nunca se había visto hasta ese momento meter una acción literaria en un laberinto semejante. No se detiene solamente ahí; nosotros nos damos cuenta más o menos de lo que escribió Cervantes en el último año porque empiezan las menciones a Avellaneda y las menciones a Avellaneda tienen que haber empezado cuando la novela de Avellaneda se editó, entonces en esos últimos capítulos donde las menciones a Avellaneda aparecen, no solamente hay menciones a la edición de la novela, sino que aparece un personaje que está en la novela de Avellaneda.

El personaje le cuenta a Don Quijote que él ya ha conocido a Don Quijote ¡y se refiere al Quijote de Avellaneda! Que ha conocido a Don Quijote y a Sancho porque los dos personajes están en la novela de Avellaneda, entonces se encuentra ahí con Don Quijote y con Sancho, los verdaderos y los dos le dan una prueba, por su manera de actuar, por las cosas que dicen que ellos son los auténticos y que los otros son los falsos.

Es una refundición total entre la literatura y la realidad, donde en un momento uno no sabe cuál es cuál. Y no nos olvidemos que la obra trata de un hombre que tiene su propia realidad, entonces el laberinto llega a su punto culminante en ese momento. La novela termina obviamente con el último regreso de Don Quijote a su hogar, no adelanto nada si digo que también termina con su muerte, que es una reflexión profunda.

¿Cómo ha sido leída la obra?

Los primeros que la leyeron, según la intención primigenia de Cervantes la leyeron como una parodia de las novelas de caballería, no mucho más. Si fue una obra muy comentada ya en su época, tuvo un cierto éxito lo cual no terminó con la pobreza de Cervantes. Cervantes era un hombre inteligente sí, caballero de alguna manera, pero venido a menos, nos recuerda mucho a Don Quijote, además por la edad que tenía cuando la empezó a escribir que tenía unos cincuenta y tantos. Pero tenía un protector, como le pasaba a muchos escritores, que de alguna manera le permitía dedicarse a la literatura. En esa época las cosas no eran como en la nuestra, en ese punto se puede decir que hemos avanzado algo.

Una persona, ni siquiera tiene que tener su economía totalmente resuelta para dedicarse a escribir, un muchacho que tiene su casa, tiene un trabajo más o menos pasable, ya puede escribir, en aquella época no era lo mismo. Hoy se puede escribir por Amazon, si no estás con apuros terribles está todo a mano. Ahora bien, en esa época no era así.

Primero y principal porque la gente no sabía escribir, pero incluso entre los que sabían escribir, la mayoría de las personas tenían otras ocupaciones muchísimo más perentorias que ponerse a mojar la pluma de ganso y componer una obra así. Entonces necesitabas cierta solvencia económica, por eso muchos escritores tenían un protector. Era un mecenazgo, lo cual no le dio a Cervantes tampoco ningún lujo, solamente la posibilidad de escribir y que nos hayan llegado sus obras hasta ahora.

Lo primero que se vio de la obra fue su imagen paródica y después muchísimos escritores, otros genios han admirado a este genio que es Cervantes. El punto máximo de la genialidad, porque una cosa es ser un genio y que te admiren unas cuantas personas, ser un genio admirado por otro genio es ya estar arriba de todo.

Cervantes es de esos, que han hablado bien de él Goethe, Dostoyevsky y como dice Harold Bloom, muchísimos escritores incluidos Dickens y otros usaron los recursos literarios de Cervantes. No está de más, aunque ya a esta altura es ocioso decir que es una de las novelas más influyentes de la historia de la humanidad.

Esa primera visión siguió pero se fue complementando con otras; lo que más se destaca muchas veces es, como una actitud como esta, la de Don Quijote cambia la realidad, un delirio cambia la realidad.

Porque un delirio no permanece en sí mismo, si un delirio llega a otras personas, esas personas empiezan a pensar de otra manera también, ya sea que se burlen, que reflexiones sobre ese delirio, ya sea que de alguna manera su vida quede íntimamente ligada a la persona delirante, como le pasó a Sancho Panza.

Acá lo repetimos a Harold Bloom y es que Alonso Quijano es un hombre muy inteligente, y ése es el principal legado que Alonso Quijano le da a Don Quijote, a su otro yo, a su alter ego.

Él de ser un hombre noble, bueno, muy bien considerado en su pueblo porque, de hecho le habían puesto el apodo “Alonso Quijano, el bueno”, de ser eso va a pasar a ser un delirante que se cree caballero y que va a recorrer el mundo, y el principal legado, digo, la joya principal que vemos mantenida en Don Quijote con respecto a Alonso Quijano es su inteligencia.

Siempre va a ser inteligente: antes era un inteligente sensato y ahora es un inteligente delirante, pero la inteligencia no la pierde.

Además Don Quijote no dice que está viviendo en la época de Amadís de Gaula, el dice que él quiere resucitar la época de Amadís de Gaula. Cuando Harold Bloom dice que Don Quijote es más inteligente que los demás y que todos tratan de burlarse de él, pero chocan contra su inteligencia, hace un hallazgo muy importante: porque es muy difícil, incluso conversando con Don Quijote saber por dónde agarrarlo porque él siempre va a saber qué responderte.

¿Está loco? Sí ¿Es un delirio? Sí, pero es uno de esos delirios muy bien formados, muy bien estructurados. Es como cuando uno habla en la época actual con una persona muy delirante, pero muy inteligente, que las hay, son unas cuantas. El diálogo casi siempre termina en un punto muerto, porque siempre van a saber cómo responderte. Esas respuestas pueden parecer más o menos sólidas, pero siempre van a saber cómo contestarte.

Quizás por eso le creyó Sancho Panza de que iba a haber recompensas y todo, porque entró en su mundo y porque llega a haber un cariño mutuo muy grande; una de las frases más bellas del final de la novela es cuando Don Quijote, que ya se ha recuperado, ahora es Don Alonso Quijano otra vez dice “Si loco le prometí el gobierno de una isla, cuerdo le daría el de un reino”, es muy bella, porque significa que el cariño que él le tiene está por encima del delirio.

Entre otros que han escrito sobre Don Quijote, que se cuentan por miles, nos vamos a detener en dos o tres, uno de los más mencionados siempre es Unamuno, que es un vasco que vivió entre finales del siglo XIX y principios del XX, murió en 1936, año fatídico, empezaba la Guerra Civil en España, también un gran admirador de Cervantes, ha escrito mucho sobre él. Unamuno veía a Don Quijote como una especie de Jesucristo ¿por qué? Lo primero que se nos ocurre cuando pensamos en Jesucristo, lo primero que nos viene a la memoria es el sacrificio y para Unamuno, Don Quijote era un hombre que estaba dispuesto al sacrificio.

Y el sacrificio era eso: era la armadura oxidada, era la espada mellada, era toda su apariencia que provocaba la burla, es provocar esa burla, es ponerse en ese lugar, para que después las personas, el grueso de la gente que lo va conociendo reciba todo lo demás a lo que nos hemos referido: la capacidad de reflexionar, el hecho de sentir su vida vinculada a eso y de alguna manera y de alguna manera hacer su vida más colorida, porque de eso nace toda la locura de Don Alonso Quijano, de verse allí en su hacienda como un hidalgo de poca monta y querer lo que en el fondo quieren todos los hombres: una vida de valentía y de éxitos y también, y esto es fundamental aclararlo una vida de nobleza.

Porque no se trata de un afán de valor por la parte frívola, sino por la parte de ayudar, de socorrer a los que más lo necesitan. En ese sentido también, es bueno rescatar lo que Unamuno decía en otro texto, que también lo veía como un sacerdote, porque Don Quijote es muy casto; obviamente va conociendo unas cuantas mujeres a medida que avanza la historia, pero él ni siquiera se permite mirarlas demasiado porque él tiene a su Dulcinea.

Dulcinea es la Aldonza Lorenzo que anda en el Toboso y seguramente es una campesina, con toda la rusticidad que tienen las campesinas y que nunca se va a enterar todo el enaltecimiento que ella tiene en la mente y en el alma de un hombre, como seguramente le pasa a muchas personas y obviamente no lo saben porque si no, no les pasaría.

Nos pasa seguramente que somos enaltecidos en el alma de alguien a veces y nunca nos vamos a enterar.

Doña Aldonza se había convertido en la Dulcinea de Don Quijote, a ella se remitía él cada vez que iba a iniciar una aventura, a ella la mencionaba cada vez que “creía” porque era algo que él creía que otras mujeres lo estaban mirando… no lo miraban mucho porque no era un hombre especialmente atractivo, era un hombre muy flaquito, de barba en punta y vestido así como estaba, evidentemente no era que iban a suspirar mucho por él.

Pero él cree permanentemente que todas las doncellas lo está mirando y que todas las doncellas lo desean y que quieren estar con él; ahora bien, ese deseo no se convierte para él en un goce masturbatorio, ni siquiera se convierte en un goce, él se apena de que tantas mujeres lo deseen porque él se debe a Dulcinea, es un caballero andante, un hombre que se debe a una mujer, que es una mujer que él ha elegido, de la que estuvo muy enamorado y ella nunca llegó a enterarse.

Ella no sabe que la ama Alonso Quijano, ni muchísimo menos sabe que la ama Don Quijote. No se enterará jamás y es bueno acá señalar otro punto interesante de la novela: Dulcinea nunca aparece en la novela, lo que resalta más, todo ese logro de la imaginación de Don Quijote para referirse a ella.

Después, entre tantos “copiadores” de la novela, aparte de los que escribieron sobre ella y los millones que la han leído, se encuentra un detractor, quizás hay más, pero hay uno muy prestigioso Vladimir Nabokov, el autor de Lolita y otras novelas importantes del siglo XX, un escritor más que nada en inglés. Si bien él le reconoce ciertas cosas a Cervantes, ha dicho de todo en contra de la novela.

Dice que es una novela amarga, lo cual en rigor no debería ser una crítica para la literatura, porque muchas novelas amargas son excelentes.

Sí, Cervantes es uno de los “intocables” como Shakespeare, entonces a los intocables todo el mundo quiere tocarlos, es así. Dice que la primera parte es caótica, lo cual no es verdad, porque en realidad es muy pero muy entretenida; toda la obra es muy entretenida.

Tal vez, si le vamos a hacer una crítica a Cervantes, es la misma crítica que él se hizo a sí mismo, es decir: se detiene en la Primera Parte a veces y se aparta de la acción principal y eso dura demasiado tiempo y el lector está ansioso por seguir con la acción principal. Pero justamente Cervantes, prevenido, ya usó eso en su propia literatura y lo escribió en la Segunda Parte. 

Esas son las conclusiones de Don Quijote. Las conclusiones generales, la irrupción de la fantasía en el marco de la realidad y cómo eso va a cambiar la realidad, va a hacer que la realidad sea otra y habrá que crear nuevas fantasías. Crea nuevas fantasías y nuevas realidades.

Los que hemos leído el Quijote y nos han enseñado y criado con refranes del Quijote, los hemos recordado en buenos y malos momentos de nuestra vida, así que el Quijote nos marcó a todos y en esta época tan extraña que nos toca vivir, nos hacen falta muchos quijotes, leer mucho el Quijote, volver a releer el Quijote y que muchos nos pongamos las armaduras y salgamos “por estos mundos de Dios”.

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Por admin

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