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Entre la lucidez y el sueño…


Ese momento en la noche, cuando todo está en silencio, y somos los dueños absolutos de nosotros mismos.

Todos antes de dormirnos tenemos ese período de tiempo, que puede durar diez minutos o una hora aproximadamente, en el que si estamos acompañados, nuestra pareja ya duerme o que si vivimos solos, aún no nos hemos dormido.

En ese instante, vienen a nosotros toda clase de pensamientos, desde los más triviales como las facturas que hay que pagar, hasta los más sublimes, radicales, o enternecedores, o también por qué no, la decisión de un cambio de vida.

Ahí somos los autores de lo que quizás mañana hagamos, repasamos el día o el pasado en general.

También podemos tener una bronca monumental, mentalmente claro, con alguien que en algún momento nos la hizo pasar mal, eso sí tratando de eliminar el  rencor, que no es bueno para nadie.

Alguien dijo que  “el rencor es un veneno que toma uno, esperando que le haga efecto al otro”.

Es ese tiempo en el que vivimos una fantasía sexual  o una pesadilla; el subconsciente después hace el trabajo a su manera.

Tenemos la sensación de tener la potestad completa sobre nuestra vida, y de hecho así es, lo que sucede es que a veces no nos damos del todo cuenta. Hay grandes hombres que se llevan a su mesa de luz un cuaderno y un lápiz para poder anotar todas esas ideas que de otra forma no hubiesen tenido.

Tendríamos que tomarnos un poco más en serio esos  “pensamientos nocturnos” que casi siempre a la mañana siguiente descartamos.

Quizás nos puedan ayudar a reconducir el curso de nuestro destino. Hay quien lo consulta todo con la almohada, y no está nada mal; en ese lapso tiene la tranquilidad y la claridad de razonamiento que en otras etapas del día, con las idas y venidas y las prisas es imposible encontrar.

En ese espacio podemos ser héroes y villanos, cantantes, actores, millonarios, miserables, crueles y generosos hasta el hartazgo; tomar decisiones difíciles, llorar hasta vaciarnos o reír a mandíbula batiente. En definitva ¿a quién le importa? y además ¿quién se va a enterar?

No dejemos que al día siguiente, con la claridad del sol, se opaquen nuestras verdaderas intenciones, y si ése es el momento en el que nos habla nuestra intuición, estaría muy bien que le haríamos caso.

Imagen: https://www.revistagq.com/

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Por admin

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