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Caridad y Solidaridad: ese gran negocio…

Hace un par de años estaba pasando un momento muy difícil que me hizo recapacitar sobre ciertas actitudes y posturas frente a la vida.


Mi intención con este artículo es desenmascarar desde dentro, lo que realmente significan esas dos palabras.
El negocio es muy sencillo. Da igual si es una ONG, una religión, cualquiera, o una fiesta benéfica organizada por  celebrities.


Hay tres elementos imprescindibles que no deben faltar: uno los  pobres, desesperados, refugiados o que se dejan el pellejo en una patera por una quimera, que merecen todo mi respeto, a los que la vida les repartió las cartas como quiso y son el anzuelo perfecto. 

El segundo, los  altruistas  convencidos realmente de lo que hacen, que sienten verdaderamente la alegría de la entrega y hacen el trabajo real, y el tercero, los de arriba, los que consiguen los  clientes, a los que llaman socios, padrinos  y demás cursilerías, que son los que se quedan la mayor y mejor parte del pastel.

Con este  caldo de cultivo, se organizan toda clase de eventos, desde los más sencillos, hasta las fiestas impresionantes donde el cubierto puede llegar a pagarse mil dólares o más.

Si hay famosos, gente de la realeza, aristócratas o políticos, publicidad,  champagne  gratis para todos y desgravación de impuestos.

No estoy diciendo que entre ellos no haya  filántropos, pero ellos también son utilizados.

Pero para los que necesitan una ayuda “normal”, un tanto más sencilla tal vez, con ellos  nadie se saca una foto con los mocos colgando y la carita llena de moscas. En su lugar, reciben una palmadita en el hombro y por toda respuesta:

“- No te preocupes, tú eres fuerte y vas a  salir adelante. Todo se soluciona.”

La solidaridad tiene su lado  hipócrita. No es lo mismo ayudar al vecino que la está pasando mal, que lo vemos todos los días y sabemos hasta qué talla de ropa interior usa, que a un pobre bolivianito que vive en la Puna de Atacama, y que veremos con suerte un par de veces en la vida, sin contar con lo bien que queda decir ¡que uno está apadrinando! También hay quien ayuda al vecino para que todos vean lo buenos que son…

En ese caldo de cultivo que es la “cultura de la lágrima” también hay gente que se acostumbra a que todo venga de arriba, total siempre va a haber alguien al que le va a dar más lástima que al resto y le va a sacar las papas del fuego y después, a seguir tirando.

Por eso este artículo está dedicado a mucha gente anónima a la que ninguna asociación, ni ningún político, ni ninguna  celebridad ven, que sale adelante por sus propios méritos y que son  héroes de su historia  y de su propio día a día.

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Por admin

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