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Milagros y su viaje

Todo se soluciona…

Una mentira piadosa con muy buenas intenciones que no conduce a nada.

He oído decir esta frases miles de veces, e incluso me la han dicho a mí cuando he estado en un momento difícil. Pero lo cierto es que si la analizamos en profundidad, no es más que una simpleza, rodeada de un halo de pena, compasión, o ilusoria futilidad.

Las cosas no se solucionan.

Siempre me gustaron las palabras y sus distintos significados expuestos o velados y aquí hay un gran ejemplo. Porque las cosas no se solucionan. Todo está en cambio constante y lo que hoy es de una forma, mañana será de otra.

Somos nosotros los que introducimos cambios. 

Nosotros somos el cambio, los que cuando nos encontramos con un obstáculo, tomamos decisiones. Acertadas, equivocadas, o ninguna y con eso tal vez creemos que podemos resolver algo; craso error, porque esa también es una decisión y ahí es donde se va todo al garete.

El problema está delante nuestro.

Una persona que admiro es Ricardo Cortines, autor del libro  Los osos ya no comen salmón,  y que  reivindica el fracaso como disparador del éxito.

Entre muchas frases que recuerdo suyas es: 

” Si no puedes voltear la moneda, sé tú el que dé la vuelta.” 


La inacción lo único que hace es enquistar los problemas  y las dificultades aún más, y lo que hoy puede ser un pequeño escollo, apenas una piedra en el zapato, mañana puede ser una pesadísima losa con la que cargar.

Las muchas opciones y sus consecuencias.

Hay tantas cosas para hacer como diferentes pueden ser las personas que se enfrentan al mismo problema, y la dificultad no es la misma en un momento de la vida que en otro.

Así, la  pérdida de un ser querido  con veinte años, no es lo mismo que con cincuenta, o enfrentar la enfermedad grave de un familiar, o perderlo todo y tener que  empezar desde cero no es lo mismo según donde y cómo nos encuentre. También influye nuestro autoconocimiento, nuestra capacidad de engañar a los demás y el propio autoengaño, que es lo más perjudicial para poder salir adelante.

El destino.

El destino también juega un papel importante, no sé si preponderante pero influye, y también la  suerte. Las decisiones que tomamos al evaluar las cosas con el más estricto sentido común, cómo juguemos nuestras cartas y qué cartas tenga el adversario (el problema a enfrentar) es lo que hará que nos alcemos con la victoria o nos estrellemos en la más absoluta desdicha.

Aquí no estoy hablando de los obstáculos que tenemos que enfrentar cuando queremos lograr algo en la vida, sino a los momentos en los que un suceso fortuito y desgraciado  irrumpe en nuestra vida y nos abofetea sin miramientos, hasta desgarrar nuestra carne y sangrar el alma.

Por eso, cuando alguien te dice:”- Tranquila, todo se soluciona”, por favor, no le creas, porque no es verdad. 

No le creas, ayúdate a ti mismo tomando las riendas de lo que te lacera, de lo que te quiebra, sonríe aunque te retuerzas por dentro, pero no dejes que las cosas vayan al albedrío y sin concierto, porque eso te hará sentirte sumido en el más absoluto infierno y sin escapatoria, y eso te puede llevar a una decisión fatal. 

El gran  Rudyard Kipling  nos dejó esta maravilla para recordar en nuestros malos momentos, y que tal vez tú ahora mismo estés pasando:

“Si en la lid el destino te derriba, si todo en tu camino es cuesta arriba, si tu sonrisa es ansia insatisfecha, si hay faena excesiva y vil cosecha, si a tu caudal se anteponen diques… Date una tregua, pero no claudiques.”

Y por último, recuerda, toma al toro por las astas, mira al miedo de frente y arremete. Y cuando te vuelvan a decir “que todo se soluciona”, responde con una sonrisa que tú eres tu propia solución.

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Por admin

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