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Milagros y su viaje

El rencor es solo nuestro

Aunque lo veamos como un monstruo de mil cabezas, el rencor no es más que algo que sucedió en el pasado, que hubiésemos querido que fuese diferente.

Julio Sosa, excelente cantante uruguayo decía en uno de sus tangos: “Por eso, viejo rencor, déjame vivir, por lo que sufrí“.

El rencor es la rememoración por nuestra parte de un hecho que nos marcó, una persona que nos traicionó, algo que no salió como esperábamos, y que neuróticamente traemos a nuestro presente con el iluso e imposible propósito de que cuanto más pensemos en ello, más lograremos que el suceso en sí cambie.

El que dijo que  “el pasado es un cubo de cenizas”,  nos dijo una gran verdad que olvidamos a menudo. Nos gusta regodearnos en el fango de los fracasos y las desventuras, en vez de sacudirnos el polvo, curar las heridas más pronto que tarde y seguir adelante.

Nos encanta perder el tiempo en desentrañar el pasado y sacarle punta como a un lápiz, para ver si el amor vuelve, si el que nos traicionó viene a pedirnos disculpas o cuando el resentimiento se enraíza y es duradero, cuando llevamos años masticándolo y se hace carne en nosotros, pensamos en una posible  venganza, sin darnos cuenta de que la otra persona pueda estar a kilómetros de nuestros intereses, pensamientos y sentimientos.

El rencor es solo nuestro.

Nadie sabe que lo sentimos, nace de nosotros y muere en nosotros, hay rencores que mueren con nosotros.
Además de ser una emoción inútil, trae aparejada consigo enfermedades: úlceras, nerviosismo, depresión, y también mezquindad.

Hay una falta de nobleza de espíritu cuando estamos todo el día deseándole el mal a alguien o a nosotros mismos arrepintiéndonos por algo que ya pasó.

Le estamos dando a esa persona o a ese hecho una importancia que en realidad no tiene ni tuvo, casi un grado de superioridad; lo estamos poniendo por encima de nosotros al dedicarle gran parte de nuestro tiempo vital a su  estudio, y si la persona en cuestión se entera, es muy posible que lo utilice en nuestra contra para tenernos manipulados y manejarnos a su antojo. 

Por lo tanto, no solamente nos hizo un daño en el pasado, sino que permitimos que continúe en el presente

No  ofende quien quiere sino quien puede. 

El rencor no habla de él o de ella o de eso, habla del rencoroso, del que lo padece, habla de nosotros.

La próxima vez que la vida nos dé un revés, aprendamos a reírnos de nosotros mismos y de los demás; aunque cueste, aunque duela, aunque no sea fácil.

Seamos como los niños pequeños, que se caen una y otra vez hasta que aprenden a caminar, con una sonrisa.

Imagen: frases.net

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Por admin

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