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Milagros y su viaje

¿Qué te vas a llevar el día de tu MUERTE?

Hoy volví a recordar una pregunta que me hice a los treinta años y que ahora te hago a ti para que te le hagas tú también.

Quizás creas que es algo muy lejano, que eso no va contigo, o quizás sientas que está tan alejado de ti que ni siquiera te lo plantees, que no puedas ni imaginarlo, que te sea imposible pensar que, en algún momento de tu vida, vas a dejar este planeta. Que vas a morir.

La sociedad no te ha preparado para eso, la muerte está tan escondida que llegamos a olvidar que es parte de nuestra propia vida.

Seguro que instantáneamente, según tus creencias, pensaste en el más allá, pero yo te estoy hablando del momento exacto en el que mueras. Como cuando vas a mudarte de casa.

Piensa ¿Qué es lo que llevas en la valija?

Porque en el ataúd no cabe nada: el móvil y poco más… nada de comida, ni autos, ni coches ni casas… a menos que seas Quin Shi Huang, el primer autoproclamado emperador de la China de la Dinastía Quin y puedas incluir en tu sepulcro todas tus riquezas y los ocho mil guerreros que componían su séquito. 

Y si prefieres que te incineren, al final de tu vida y con mucha suerte, te encontrarás acostado sobre una cama de acero, con la boca de un horno sobre tu cabeza, el beso suave y emocionado de los familiares que te despedirán, una bonita playa o el lugar que hayas elegido para que esparzan tus cenizas y nada más. 

Eso es lo que hay de verdad al final de todo este viaje, de todo este camino de aventuras.

Eso, en el caso de que la muerte te encuentre durmiendo o en una posición más o menos cómoda, sin que te lacere una grave enfermedad o de que tus facultades no estén mermadas por alguna causa.

Mi intención no es asustarte, ni ponerme tétrica porque sí.

Mi intención es que de verdad te pongas en ese momento, que te va a llegar, tan seguro como que ahora estás leyendo estas líneas y que veas todas las preocupaciones absurdas que seguro te dan vueltas en la cabeza. Sólo con que puedas sentir el frío del acero de la cama del crematorio o el suave y mullido raso de tu ataúd, comprenderás lo que te quiero decir. 

Me gustaría que eso te lleve a una reflexión profunda de lo que estás haciendo con tu vida; que te ayude a ver, como lo hizo conmigo, si vas por el camino correcto o si por el contrario, tienes que vaciar tu mochila de la mayoría de las cosas que crees importantes en ella y que no lo son en absoluto. 

Porque de este mundo sólo te vas a llevar los momentos felices y lo que hayas aprendido, y no, no es una cursilada más, es la pura verdad.

Te vas a llevar todos esos momentos en los que reíste a carcajadas o lloraste a mares, todos tus éxtasis y tus odios, tus pasiones y tus horrores, sólo lo que está dentro tuyo y todo lo que estás acumulando en cada paso que das por este mundo… ni un sólo objeto, ni uno. Sólo tu conciencia y tus emociones, nada más. 

Ahora que creo y espero haberte puesto en sintonía con lo que quiero decirte: ¿vas a reflexionar de verdad? ¿ya sabes qué te vas a llevar cuando mueras?

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Por admin

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