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Milagros y su viaje

Libertad

La libertad es la droga más pura y más dura.

Lo cantó Nino Bravo, nos lo volvió a cantar Ana Belén  “Desde mi libertad”, y es cierto, el ser humano necesita y depende de este sentimiento más que de ningún otro.

No es fácil alcanzarlo, es el más caro de todos, más que el amor o el éxito.

¡Cuántas barreras mentales le ponemos a esto que es imprescindible!

Lo que dicen los otros, la ficticia seguridad, la mediocridad, las obligaciones impuestas o autoimpuestas, las falsas comodidades, las excusas: todo un cúmulo de despropósitos para no pelear por nuestra libertad.

Pero hay ocasiones, en que la queremos más que nunca, que nuestra propia supervivencia es la que grita y clama por ella:

“- ¡LIBERTAD!”

Sí así, con mayúsculas. Vemos como nuestra vida se va por el desagüe sin darnos cuenta y queremos recuperarla. Sentir que somos dueños de nuestro propio destino, que podemos hacer lo que queremos, cuando queremos y como queremos, sin dar explicaciones a nadie, asumiendo las consecuencias.

Dentro de nosotros brilla un poderío y una luz que nada puede detenerla: vemos los obstáculos más pequeños, descubrimos atajos en nuestro camino, encontramos personas que nos ayudan, una alegría profunda se apodera de nosotros, una cantidad ingente de adrenalina corre por nuestras venas y es una sensación que nadie quiere perder, por eso la llamo “droga”, porque eso es lo que es.

Pero claro, “lo que cuesta vale” y cuando queremos poner en marcha toda esa seguridad en nosotros mismos que hemos adquirido súbitamente y mostrar al mundo quiénes somos en realidad, un batallón de escollos aparecen delante nuestro.

Primero, los que nos rodean, acostumbrados a tenernos encasillados y bien etiquetados en un sitio, que no quieren que se les cambie un ápice de su status quo, porque nos tienen atados y bien cortitos a su servicio, por envidias, su propio miedo al cambio y una lista interminable de cosas que puede hacer que desfallezcamos una y otra vez en el camino hacia nuestro principal objetivo.

También hay situaciones en las que parece imposible obtenerla, pero como dijo Nelson Mandela

“Todo es imposible, hasta que se hace”.

Pero hay otros seres humanos que parecen nacer libres y desenvolverse en este mundo con la premisa de que su libertad es lo primero y es de ellos de quien debemos aprender.

Son ellos los que nos muestran el camino: un autorespeto absoluto por encima de todo lo demás y que no es orgullo, ni soberbia, ni prepotencia, todo lo contrario: es ser conscientes de que lo único que tenemos en realidad es a nosotros mismos.

Por lo tanto, la próxima vez que esa voz de libertad se acerque a nosotros, escuchemos un poco mejor. Si aparece es por algo: aunque solo sea para confirmarnos que todo en nuestro mundo está bien.

O tal vez para que simplemente cojamos una mochila, nos llevemos lo más imprescindible y empecemos a caminar paso a paso hacia nuestros sueños, dejándolo todo atrás.

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Por admin

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