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Milagros y su viaje

Idiosincrasia

Es una palabra que viene del griego y significa esencialmente “temperamento particular”, algo que engloba muchas cosas, entre ellas una forma de ver la vida.

Este es un tema que me gusta particularmente, quizás porque soy argentina, hija de españoles, por lo que he convivido siempre con dos idiosincrasias distintas, de las cuales reconozco lo bueno y menos bueno de cada una.

Tengo una amiga que tiene un blog en el que nos habla de “mujeres latinas”, diferenciándonos de otras de otras latitudes menos cálidas, pero también hablo de las pequeñas actitudes que tenemos los que somos de diferentes territorios.

Cuando decimos, “soy vasco”, “soy gallego”, “soy portugués”, “soy mexicano”, estamos diciendo mucho más que el lugar de donde venimos.

Si se lo decimos a alguien que no es de allí o que no ha ido nunca, intentará empezar a etiquetarnos por los tópicos, que a veces gustan y a veces no, o por los personajes famosos o la comida del lugar.

En cambio si somos nosotros los que estamos en un país extranjero y nos encontramos con un compatriota, hay una complicidad tácita, un saber qué nos quiere decir en cada frase que no la encontramos en otras personas, aunque después seamos opuestos en muchos aspectos de nuestra ideología.

Es un entendimiento que proviene de haberse criado en un mismo sitio, bajo una misma bandera, con más o menos las mismas costumbres, los mismos programas de televisión, las mismas comidas, la misma o parecida música y los mismos acontecimientos económicos y sociales, que van conformando las singularidades y peculiaridades de un pueblo o una nación.

A mí en Buenos Aires  me dicen “la galleguita” y durante los quince años que viví en España nadie me quitó el apelativo de  “la chica argentina”, además de reconocerme por mi acento, que ahora tengo un tanto mezclado.

He participado y convivido con dos culturas diferentes durante toda mi vida.

Mi casa en Buenos Aires era una especie de  embajada española. Siempre había un buen jamón curado colgado para degustar y en España descubrí que son deliciosas las torrijas con dulce de leche, piñones y unos buenos mates.

A veces me gusta desconcertar a los españoles con sus propios refranes o sus propios gustos ya que no se lo esperan de mí.

Esa es la ventaja de ser mestiza en mi propia cultura.

Creo que es una herencia y una riqueza extra que me regalaron mis padres, que atesoro y cuido con mucho cariño.

Desde el saludo hasta la despedida en una charla trivial todo o casi todo es diferente. Recuerdo la primera vez que en España le dije a alguien que era simple, queriendo expresar que era muy agradable porque me parecía una persona sencilla. No sabía que era un insulto.

Sin embargo, en España se toman muy a la ligera algunos insultos argentinos, que les caen simpáticos y los repiten sin cesar.

Debo confesar que en Argentina no escuchaba mucho tango, pero cuando estuve lejos, me compré un CD de Carlos Gardel  y “se me piantó un lagrimón”.

La idiosincrasia es eso: una forma de ver la vida, un lenguaje no escrito, un sentimiento en el que se conjugan la  empatía, la historia emocional de uno como perteneciente a un grupo y no solamente como individuo; es una sensación de correspondencia, que suma una calidez intrínseca a las relaciones humanas que vale la pena preservar y proteger.

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Por admin

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