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Milagros y su viaje

En estos tiempos de crisis

Si te sientes solo, si te sientes triste, aquí te dejo una historia similar a muchas, pero protagonizada por una mujer, que quizás te devuelva la sonrisa y la fe en ti mismo.

Nació el siete de mayo del año 1922, en una fría mañana en Burgos, en una familia tradicional de aquella época. Su padre era Guardia Civil y su madre se dedicaba “a sus labores”.

Era la mayor de diez hermanos, aprendió a leer con cuatro años y a tejer con la pastora Lucía. Cocinar, coser, bordar, ocuparse de sus hermanos y sacar buenas calificaciones en el colegio, eran parte de su rutina diaria.

La Guerra Civil Española tocó de lleno su familia, como tantas que todavía hoy en España recuerdan su aciago paso, pero que no pudo con este espíritu inquebrantable.

El destino siguió su curso y cada uno de los integrantes de la familia fue encontrando su suerte en la España de la posguerra, cosa que se hacía cada vez más difícil por el dolor y la incertidumbre más siniestra.

Pero la vida es cambio, nada es estático, ni lo bueno ni lo malo y llegó un pasaje desde Argentina para cualquiera de los hermanos que quisiera emprender una nueva vida lejos… muy lejos.

Buenos Aires en aquel momento era la antítesis de España, era la tierra prometida que rebosaba futuro y esperanza para toda una Europa que agonizaba entre las guerras y los conflictos armados.

La decisión

Primero se pensó en los varones; algunos se habían decantado por la carrera militar, otros habían seguido el ejemplo del padre y se habían convertido en Guardias Civiles, y las mujeres de la casa no pensaban ni por asomo emigrar a un país extranjero y distante.

Pero el pasaje seguía ahí, esperando un un destinatario.

Y fue Consuelo la que aceptó el desafío y no fue nada fácil. Una mujer sola, en los años cincuenta, en un viaje transatlántico (que duraba veintiún días) la llevó a un país y una cultura completamente desconocidos.

En el barco conoció a un camarero muy guapo y muy amable, que comenzó a endulzar su estómago y a borrar la inmensa tristeza de su corazón. Los días en alta mar iban pasando y Consuelo volvió a sonreír.

Río de Janeiro

El Carnaval de Río fue una fiesta de color que se llevó todos los días negros de Consuelo, enterrándolos definitivamente en su pasado.

Buenos Aires se abrió ante sus ojos como un mundo por descubrir con personas que le tendieron la mano y poco tiempo después, una carta desde Holanda pidiéndole matrimonio, terminó de completar su felicidad.

El camarero volvió de viaje y se convirtió en el feliz marido y padre de sus dos hijas, de esta mujer llena de tesón.

Pero la historia no termina aquí como cualquier cuento con final feliz; la vida no es un cuento sino más bien una película, un largometraje laberíntico al que se debe apostar siempre al ganador.

De nuevo, la vida

Después de más de treinta años de amor, salió otra carta negra de la baraja y le arrebató al hombre de sus sueños y de sus mejores realidades.

Perdida, en una edad en la que muchos no se despegan del sillón y sólo viven de recuerdos, ayudada por su hija menor se reinventó, arrancándose una vez más de su pasado.

Con ochenta años volvió a la patria que la vio nacer, no sin complicaciones, pues su tierra también sufrió cambios y transformaciones al igual que ella, pero de nuevo volvió a sonreír y a ser la mujer que siempre fue.

Ya pasados los noventa, se llenó de un presente dulce y se nutrió del maná de su propia sabiduría. Miraba con sus tiernos ojos grises a un tranquilo presente, hasta que le tocó dejar este mundo quién sabe con qué nuevos rumbos y aventuras por venir.

En estos tiempos convulsos, en los que la realidad nos abofetea una y mil veces, que el día a día puede ser un ingente conteo de gotas de tristeza, conviene conocer y recordar historias así. Pensar, según sus propias palabras:

‘Que de cobardes no hay nada escrito’.

La imagen es del barco Alberto Dodero, el barco real en el que mi madre hizo aquel maravilloso viaje.

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Por admin

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