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Roberto Arlt

Hablemos de Roberto Arlt primero por su biografía

Tito Arlt nació en 1900, lo cual es verdaderamente paradigmático, porque como estaba destinado a cambiar la literatura nacional, nacer en el primer año del siglo.

Roberto Arlt era hijo de un prusiano y de una austrohúngara, otra cosa muy argentina: primera generación en la época que venían muchos inmigrantes de las Europas y él era un argentino que inauguraba la argentinidad, por decirlo de alguna manera y no solamente inauguró eso como podremos ver más adelante.

Tuvo una infancia pobre, o lo que a la mayoría de la gente le gusta decir clase media baja para no ser tan brusco, tuvo que trabajar desde muy pequeño.

Él cuenta que abandonó sus estudios muy joven después de aprender a leer más o menos a los ocho años, otros testimonios dicen que hizo la escuela primaria casi completa hasta quinto grado, lo cual en ese momento era bastante.

Ustedes saben que los escritores siempre dramatizan sus propias vidas.

Lo primero que le gustaba dramatizar a Roberto Arlt era su nombre: en Wikipedia figura que él se llamaba en realidad Roberto Emilio Gofredo Arlt, bueno no, parece que investigadores muy puntillosos han encontrado la partida de nacimiento y él se llamaba Roberto Arlt.

Algunos interpretaban que era Godofredo pero que lo escribieron mal en el registro, pero las teorías más fuertes son que ni siquiera se llamaba así y se puso un nombre rimbombante.

Nunca le crean nada a los escritores de lo que dicen, pero créanle menos cuando hablan de su propia vida, porque son gente dada a inventar. 

Parafraseando a lo que decía Platón por boca de Sócrates: “No se le puede creer a un hombre enamorado porque él mismo reconoce que le falta razón”, uno de los argumentos más conocidos sobre la pasión del amor, porque el enamorado dice: “Estoy loco, estoy delirante de amor”, es cierto y entonces por qué pide que le crean; uno no le cree a un loco, por la misma razón no hay que creerle a un escritor, un escritor vive de inventar.

¿Cómo le vas a creer a una persona que vive inventando cosas?

Entonces no le crean nada ¿si? Ya empezó con el nombre de él, creemos, o por lo menos hoy es la opinión más difundida que se llamaba Roberto a secas.

Su padre, parafraseando algo que dijo Onetti en un prólogo sobre Arlt, era un “avezado hijo de perra” que lo trataba mal física y psicológicamente, y eso sí es cierto.

Después, Tito Arlt como hacen todos los escritores va a tratar de canalizar todo eso en su literatura. Pero este hombre, a más de ser un hijo de perra (repito tomando las palabras de nuestro amigo Onetti, otro escritor) se ausentaba de la casa seguido, casi siempre para dedicarse a trabajos de ocasión en otras provincias, entonces Roberto, que era el único varoncito de la casa fue a la calle a trabajar desde muy jovencito.

Trabajó en varias cosas, vendía papel de envolver en los negocios, trabajó en una librería también desde muy joven, y era además de escritor, inventor.

Era un tipo totalmente chalado desde todo punto de vista; había registrado incluso uno de sus inventos que eran unas medias de goma, unas medias que no se corrían, porque tenían un ingrediente de goma extra, entonces estaban preparadas para no correrse. No prosperó.

Otra de sus grandes ideas fue una peluquería para perros que los teñían: vos llevabas tu perrita blanca y te la llevabas verde de nuevo para casa.

Arlt se atribuía la idea de que era un innovador y un visionario a sí mismo y después tuvo muchas otras. Entre sus personajes, por supuesto, figuran inventores.

Porque si vamos al caso, el hombre escribió solamente tres novelas: la primera El juguete rabioso, la segunda son en realidad dos, pero básicamente se trata de un solo argumento que continúa, así que podemos interpretarlo como una.

Se llaman Los siete locos y Los lanzallamas. De hecho se venden juntas a veces en un volumen, o a veces en dos, como en el caso de la editorial Gradifco y después una novela que se llama El amor brujo, una historia romántica que es la menos conocida de todas, pero tiene igual valor que las demás.

Ahí lo tenemos a Arlt, un hombre sin ningún tipo de formación académica, ganándose la vida, creo que se le atribuye haber dicho “vivo para escribir y escribo para vivir” un lindo juego de palabras, y ya siendo muy joven encuentra algunos trabajos en la prensa, especialmente en el diario El mundo donde trabajará durante mucho tiempo y un poquito más estabilizado escribe su primera novela, que edita cuando tenía 26 años El juguete rabioso, que es hoy por hoy un clásico de la literatura argentina.

El juguete rabioso es una historia que narra la vida de un muchacho muy joven, sus distintos trabajos, sus inicios como ladronzuelo y la ira que va creciendo dentro de él a medida que esta existencia miserable se va desgranando.

Es una novela muy dostoievskiana, Dostoievski era uno de los hombres a los que más admiraba Arlt, aunque no el único, y el hecho de que salga esta novela va a producir un quiebre en la literatura argentina, un quiebre que no va a ser aislado en la crítica hasta mucho tiempo después.

Hasta entonces en nuestro país se escribían novelas costumbristas, interesantes historias de amor ambientadas en períodos históricos como es Amalia, ya se había canonizado nuestra obra mayor, El Martín Fierro, que era un poema sobre la vida de los gauchos, pero la ciudad de Buenos Aires, la “europeísima” ciudad de Buenos Aires todavía no tenía un sello que hablara de sus vagabundos, de sus explotados, de lo que es la típica vida de una sociedad urbanizada.

Situémonos históricamente: Martín Fierro se escribe unos años después de la caída de Rosas, cuando el país empezaba a formarse, a establecerse digamos, como la nación grandiosa que sería después.

Pero todavía se escribía con esa idea un poco rústica de lo que el país era. Tanto Facundo, que apela al hecho de que el país debe convertirse en una especie de nación señera dentro del circuito de las naciones, como Martín Fierro, hablan de cuestiones específicas de la nacionalidad, pero lo que es la ciudad en sí con todo lo que eso significa, eso no estaba aislado en la literatura.

Es más, esa es una literatura moderna en el más amplio sentido de la palabra, porque Arlt no va a tener ningún prurito en hablar de todos los temas que quiere hablar, en tomar todo eso desde el punto de vista más realista posible y de esa manera hace ingresar a todos los autores, europeos del siglo XIX en la realidad argentina.

Al mismo tiempo inaugura, selecciona lo mejor de la literatura que nos iba a influir de ahí en adelante y recrea lo que es la literatura aquella y la convierte en una literatura moderna y argentina. Sin él, eso no hubiera pasado.

Los elogios que se le han declarado algunos los consideran exagerados pero, son exactos en la opinión de quien les está hablando.

Poco tiempo después, unos años después, cuando aún no había cumplido los 30 años, salen sus novelas: Los siete locos primero y un tiempo después la continuación Los lanzallamas.

Estas dos novelas, un poco más elaboradas, van a reafirmar lo que acabo de decir de El juguete rabioso. En esta novela, que de ahora en adelante nos vamos a referir como una, porque básicamente es una, se habla de una especie de cofradía entre unos compatriotas nuestros, los siete locos del título, que intentan formar una nueva sociedad universal.

Sí, siete tipos ahí perdidos en una casona de Temperley tratando de reformar el mundo.

A muchos les resultará familiar porque es algo ha pasado y seguirá pasando por los siglos de los siglos. Lo extraño, lo llamativo, es la crudeza con la que todo está narrado, la desazón con la que todo está narrado, como si nada tuviera sentido.

Hay un nihilismo permanente que atraviesa las obras de Roberto Arlt y que es uno de sus sellos más identificables.

Por lo demás hay una gigantesca contradicción, que habla de lo paupérrimos que podemos llegar a ser los seres humanos y al mismo tiempo, lo ambiciosos que podemos llegar a ser siendo paupérrimos y que es que, esta gente que pretende crear una sociedad distinta, más justa, diversa, necesita fondos, como todo emprendimiento de esta índole.

¿Y de dónde piensan sacar los fondos para transformar esta sociedad en otra más justa? De un negocio de burdeles que va a cubrir todo el país.

Es decir, el plan para que exista menos explotación del hombre por el hombre se hará ganando dinero a través de la explotación de muchas mujeres.

Este tipo de contradicciones abundan en los textos de Roberto Arlt, y no son tan difíciles como nos gustaría pensar de llevar a la realidad.

Las luchas de todo tipo están llenas de contradicciones, lo cual no quiere decir que algunas no sean más justas que otras. Soy la última persona que piensa o que tiende a igualar todo, nunca me gustó eso.

Hay razones políticas respetables, razones sociales respetables, pero todas, absolutamente todas tienen contradicciones. El hecho de que Arlt haya colocado en el centro de la novela una contradicción tan profunda, es al mismo tiempo una tragedia y una comedia: tiene algo de terrible y algo de amargamente gracioso, y eso es un hallazgo desde todo punto de vista.

Los personajes femeninos de Arlt son muy interesantes por lo demás. Aparece la esposa del protagonista en esta novela; el protagonista es Remo Erdosain, un tipo torturado como su autor, inventor fracasado, como su autor y con muchas ínfulas de cambiar la sociedad, como su autor.

De hecho la novela empieza con la separación de su mujer, porque su mujer tiene un amante, el protagonista se entera y ella termina yéndose.

A ella tampoco le va del todo bien, pero las reflexiones que ella hace a través de la novela son muy interesantes y son una de las claves de la novela.

A la larga, en toda la gran literatura universal hay una tensión entre hombres y mujeres: la posición de unos, la posición de otros y lo que deviene de todo esto suele ser parte fundamental de cualquier relato bien hecho.

Aproximadamente a los treinta años Arlt ya no escribió más novelas, se interesó vivamente por el teatro y empezó a escribir teatro. O sea que él es ya “nuestro Dostoievski”, un poco “nuestro Flaubert”, acá tomo palabras de Beatriz Sarlo, una muy conocida crítica, que decía que él al re-inaugurar todo se erigía con la marca de aquellos escritores europeos, y ahora va a ser también un poco “nuestro Molière”, porque se va a dedicar a escribir teatro y nos van a llegar sus obras de teatro hasta el día de hoy y esas obras también, reforman lo que es la dramaturgia argentina.

No solo eso, mientras hacía todas estas cosas, escribía una columna costumbrista en el diario donde trabajaba y de esa columna costumbrista, de la forma de enfocar con colorido y con sal las cosas cotidianas que se ven todos los días, muchos escritores van a encontrar donde abrevar. 

Aguafuertes. Eso es una alusión como todos sabemos a un estilo de pintura, o sea que ya desde el título sabemos que lo que va a hacer él es una pintura de costumbres. Va a agarrar un retazo de la realidad. Las Aguafuertes se han publicado en diferentes editoriales y son otros de sus textos clásicos. Se puede leer ahí, además de sus inquietudes, vemos lo que iba pasando, la contemporaneidad de Arlt y eso lo convierte en un texto lleno de frescura. Son muy recomendables también.

Entonces tenemos un autor que escribió novelas, tiene también algunos cuentos escritos donde también fueron un aljibe donde fueron a sacar agua unos cuantos y no escribió poesías. De marcar el sello poético de nuestro país ya se encargarían Alfonsina, Lugones, Borges y otros más, pero a él no le daba por ahí.

Era también periodista, cronista de su época y tenía ínfulas de aventurero, entre todas la ínfulas que tenía, cuando tiene que ir a cubrir notas en la Patagonia, hay una fotografía o una descripción que él mismo hace de sí mismo, de tipo con sombrero, arma al cinto y todo.

Un vanguardista y un innovador en toda regla y bueno, este hombre tan admirable, tan curioso, como decíamos, va a marcar todo lo que venga después de una manera innegable.

Tanto Marechal, Mallea, como Alejandro Dolina, como el mismísimo Borges, como los autores que escriben notas de color en los diarios como Jorge Asís o Antonio Dal Masetto, que han pasado de tener sus columnas de comentarios, todos, todos, absolutamente todos son, en mayor o menor medida deudores de Arlt.

La inclusión de Borges entre los deudores, otro de los tres genios literarios que dio este país (el tercero y no mencionado hasta ahora es Sarmiento) no es casual: hay un cuento que está incluido en El informe de Brodie, es un plagio. Dicen que el mismo Borges lo admitió, así sonriente, en un reportaje.

A todos los escritores les pasa alguna vez, muchas veces les pasa sin darse cuenta, como les pasa a los músicos. Empiezan a componer algo, les gusta una canción y por ahí es una canción que le quedó hace unos años en la cabeza.

Hay un cuento que se llama El indigno, que es prácticamente un calco del último capítulo de El juguete rabioso. Los que tengan dudas pueden compararlos por su cuenta, el tema es el mismo y es imposible no darse cuenta de la relación entre los dos relatos.

Acá apelamos al comentario que había hecho otro escritor Abelardo Castillo sobre el tema, que fue el que marcó esta situación que, no obstante es muy fácil de ver porque yo incluso antes de haber leído a Castillo había notado el suculento parecido que hay entre ambos textos.

Un poco glosando esta opinión de Beatriz Sarlo, tal vez sin saberlo, lo dice muy bien César Aira, otro escritor también hablando de Arlt: que lo que hicieron los escritores europeos los últimos dos o tres siglos, o sea hasta el siglo XIX, lo hizo Arlt durante unos veinte años escribiendo él solo.

Por supuesto se estaba montando sobre los hombros de aquellos gigantes para usar una frase muy conocida, pero no necesitó ayuda de nadie para sentar las bases de muchas cosas distintas: darle el sello definitivo a la ciudad de Buenos Aires.

Por aquella misma época que salía El juguete rabioso, un poquito antes había salido el poemario de Borges Fervor de Buenos Aires, así que podemos decir que en esos tres años se inauguró poéticamente y se inauguró en la prosa la visión de lo que sería la gran ciudad, que por otra parte estaba dejando de ser “la Gran Aldea” como le decían todos, para convertirse en la ciudad espectacular, admirada y amada por muchísimas personas de todo el mundo que es hoy en día. Pero la literatura siempre da el sello definitivo a esas cosas.

Ese era el elogio de Aira, que acabamos de decir, el elogio de Sarlo que acabamos de glosar, el elogio de Abelardo Castillo que además dijo, además de lo que acabo de referir, dijo que “Arlt era el único que merecía el título de genio entre los escritores con la excepción de Sarmiento que siempre está”.

Yo incluiría a Borges también y en este país que ha dado muchísimos escritores soberbios, creo que ellos son los mejores. Arlt moriría muy joven a los cuarenta y dos años de un paro cardíaco.

Se casó dos veces, la primera vez tuvo una hija, que se llamaba Mirta Electra Arlt: solamente un escritor le puede poner Electra a la hija, aludiendo a las obras de Sófocles y de Eurípides, ¿no? o sea que la chica tenía que cargar con ese nombre.

Electra es un personaje clásico como decía, hay una Electra de Sófocles y hay una Electra de Eurípides y el tema siempre es el mismo, porque el personaje es el mismo y es una chica que se caracteriza por defender ardorosamente a su padre. Si esa era la intención de Arlt al ponerle ese nombre no lo sabremos nunca, pero es muy probable que sí.

La intención de ser amado incondicionalmente por alguien, aunque reclamar el amor incondicional de una hija puede ser sumamente peligroso, sino pregúntenle al rey Lear, los que tengan dudas, averigüen con él lo que tiene para decir.

La hija de Arlt se ocupó hasta el 2014 que falleció, de difundir su obra y con su segunda esposa tuvo un hijo póstumo, el niño nació después de que él haya muerto, que se llamó también Roberto Arlt y eso es todo lo que podemos decir en elogio y en agradecimiento eterno a todo lo que Tito Arlt hizo por los escritores argentinos que es impagable.

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Por admin

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