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(…) “Y otro le preguntó:

‘Maestra, ¿debo amar al prójimo como a mí mismo?’

Y Livia la Encauzadora respondió:

‘Es más práctico si te amas a ti mismo como amas al prójimo; porque entonces entenderás más rápido lo que siente él’.

Y otro que reía dijo:

‘Maestra, yo no creo en nada, y estoy seguro de que el mundo desaparecerá’.

Y respondió Livia:

‘Dices obviedades, porque si no crees en nada, sólo debes esperar a tu muerte para que todo el universo desaparezca’.

Y una mujer que estaba tullida le dijo:

‘Soñé que tenía piernas’.

Y Livia:

‘Mejor sueña lo que puedes hacer sin tenerlas’.

Y otra que era rica le preguntó:

‘Maestra, ¿debo dar una parte de lo que tengo a los pobres?’, y respondiole Livia:

Sí, dales la mano, dales tu mirada, y entonces sabrás qué más les quieres dar. Pero si ni aún así lo sabes, entonces poco valdrá lo que yo te enseñe’.

Y resultó que en medio del gentío había uno que no hablaba, y su hermano, que estaba con él, le dijo a Livia:

‘Éste es mudo, y una vez me dijo con señas que le daría lo que pidiera al que le devolviera la voz’.

Y dijo Livia:

‘Dile con señas que yo se la devolveré a cambio de las dos piernas y los dos brazos’.

Y dijo el hermano:

‘Él responde que no, que si lo tomáis a broma’.

Y Livia, mirando a todos:

‘He aquí que no se necesita voz para prometer en vano.’

Y agregó:

‘Hermanos queridos, podéis respetar al anciano, y al que es bondadoso y al que es valiente. Pero si no respetáis la palabra, nada respetáis’.

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Por admin

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