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Libros y Personajes

Cervantitos, Cervantazos y Cervantontos

No sé si pasará lo mismo en España, pero en mi país, Argentina, los escritores fanáticos de Cervantes siempre terminan queriendo reescribir su obra maestra.

Para cumplir tal fin, cual modernos Pierre Menards, editan versiones resumidas del clásico, seleccionan pasajes o dilatan ensayos. Los comprendo, como admirador que soy del Manco. Pero pareceríame mejor ejercicio el de la adaptación a situaciones contemporáneas, tarea a la que, previsiblemente, me daré en este posteo.

Empiezo: En un lugar de Buenos Aires, cuyo nombre oculto por hacer el discreto, vivía un ciudadano de los de puñal herrumbrado de adorno, antiguo escudo de armas, perro callejero flaco y cinta para correr. Una sartén de algo más pollo que ternera, salame y queso las más noches, pizza los sábados, empanadas los domingos, eran los víveres que consumían la mayor parte de su miserable sueldo de librero.

El resto se lo llevaban sus zapatos de tienda de barrio, la ropa de feria y las boletas de luz, gas y teléfono, que siempre pagaba sobre la fecha.

Tenía una esposa inquieta y lectora, una sobrina treintañera y dada al youtubereo, y un vecino de muchas habilidades, que así destapaba las cañerías como ponía brea en el techo -y cobraba por ello-.

Frisaba la edad de nuestro ciudadano en los cincuenta años. Era ancho de espaldas, rostro picado de viruelas, amigo del ajedrez y forzadamente madrugador. Llevaba el apellido de Mal Llevado o Malandado, que aquí hay alguna diferencia en las redes sociales que comentan el hecho, aunque la mayoría dice que se llamaba Maldonado.

Pero esto poco importa a nuestra historia, bastando que su inventiva sea pintoresca. Es el caso que nuestro ciudadano, en los pocos momentos que le quedaban de ociosidad, se daba a leer historietas de aventuras, con tanto deleite que olvidó por completo sus obligaciones laborales y maritales, el pasatiempo del ajedrez y todo lo demás; y llegó a tal punto su irresponsabilidad, que vendió algunos muebles de su casa para poder comprar esas desatinadas revistas, que acabaron cubriendo con sus hiperbólicas tapas todos los muebles de su casa. (…)

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Por admin

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