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Historia del Hombre

Jesús de Nazaret

Jesucristo es una de las figuras más destacadas de la historia de la humanidad, aquí hablamos un poco de la historia, del territorio donde Jesús predicó y cómo era la situación en ese momento, de todos los aspectos mundanos de aquella aventura, por llamarla de alguna manera, que influyó a la humanidad durante los dos mil años siguientes. 

Hablaremos un poquito de esa situación política, geográfica e histórica en la que le tocó predicar al hijo del carpintero. 

¿Dónde nace Jesucristo?

 En el territorio de Palestina, territorio que habitaba el pueblo judío, que desde hacía siglos venía pasando de mano en mano por muchos conquistadores. Fueron sometidos por los seléucidas, por los asirios y por otros más y habían pasado, cuando este relato se inicia, por una etapa gloriosa, con un rey que llegó a adquirir proporciones épicas: el rey David.

El rey David había unificado todo un territorio que hasta él era gobernado de una manera caótica, por una especie de caudillos, que en la Biblia se los van a encontrar con el nombre de “Jueces”.

El libro, si nosotros le pusiéramos un nombre para entenderlo mejor, debería llamarse “Caudillos”, pero le quedó ese nombre de “Jueces” porque de alguna manera juzgaban lo que hacían sus compatriotas y así lo conocemos. Ese territorio conquistado, pasa de repente a ser un reino; su primer rey es Saúl y el segundo es el rey David, que va a adquirir proporciones épicas. Es un territorio unificado entre dos naciones básicamente.

Mucho tiempo después, cuando los judíos vuelvan del cautiverio en Babilonia, van a poner todo esto por escrito en el Génesis y en todos los textos que conocemos y que forman parte de la Biblia. Pero antes de ese relato romántico, ustedes saben que todos los pueblos tienen un relato romántico y místico, antes de eso había dos grandes grupos.

Unos se hacían llamar a sí mismos los israelíes, que serían los descendientes de diez de las doce tribus tradicionales de los judíos y los otros, los descendientes de Judá y de Benjamín, que se hacían llamar judeos eran como otra nación.

Esas dos naciones estuvieron unificadas en un gran reino que se llamó Israel en la antigüedad y permaneció así durante el reinado de Saúl, tocó su pico durante los reinados de David y de su hijo Salomón e inmediatamente que Salomón muere, sucede algo.

El sector de los israelíes, el reino del norte, va a reclamarle al hijo de Salomón que había heredado el trono, Roboam, diciéndole que la férula de su padre sobre ellos había sido demasiado grande; seguramente se referían a los impuestos, a las levas militares y a todo ese tipo de cosas de las que se han quejado los pueblos desde el fondo de los tiempos y se siguen quejando ahora y a veces con razón.

¿Y qué dice esta parte del norte del reino? – Si, tú aflojas un poco la mano, si bajas los impuestos, nosotros te vamos a servir como el mejor. Entonces Roboam, les contesta que vuelvan dentro de unos pocos días, que les va a dar su respuesta. Primero consulta con los ancianos, que le dicen que tienen razón.

Lo primero que tiene que saber un rey para que sus súbditos lo sirvan, es que no tiene que poner la mano muy pesada, porque no le conviene y cuando afloja la mano, sus súbditos lo sirven con alegría.

Roboam toma el consejo de los ancianos, pero antes de tomar su decisión final, consulta con los jóvenes que se habían criado con él, y entonces sus amigos le dicen que les conteste:

“- Si mi padre era duro, yo voy a ser durísimo, porque yo no tengo por qué escuchar ruegos, soy el rey y un rey no puede estar atendiendo este tipo de tonterías; estoy para cosas más importantes.”

Todo esto lo van a encontrar en la Biblia, obviamente no con este lenguaje que yo estoy adaptando. Roboam hace caso a sus amigos y no a los ancianos. Entonces el estado del norte, de lo que era Israel estalla, se rebela y ese reino que había estado unido, ese reino unido durante la época de Saúl, David y Salomón se divide en dos partes, que ahora sí van a ser definitivamente el reino del norte y el reino del sur.

Van a pasar ambos por ciertas hostilidades con los pueblos vecinos, pasarán por períodos grandes de independencia, pasarán por períodos grandes de sumisión, hasta que al final, el reino del norte cae bajo la bota de unos conquistadores, son expulsados de sus tierras y no vuelven más.

El reino del sur, permanece unos cuantos años, hasta que sigue la misma suerte que el reino del norte bajo la bota de otro conquistador.

Pero mientras el reino de Judá, el reino del sur, va a volver a su tierra mucho tiempo después y va a empezar de nuevo, en el intento de ser una nación allí, el reino del norte no volverá jamás.

Terminará de alguna manera, vinculado a esos territorios a donde fue expulsado, se mezclará con gente de allí y no sabemos nada de ellos.

El hecho de que el reino del norte jamás haya regresado a sus tierras, dio lugar a muchísimas mitologías, incluso a una religión: la religión de los Mormones, los Santos de los Últimos Días.

La idea es que esa tribu del norte en realidad viajó en barco a la América del Norte actual, y allí prosperó.

El reino de Judá vuelve, habían estado cautivos en Babilonia durante mucho tiempo y en esta vuelta se reorganizan definitivamente como lo que quieren ser, una nación, pero en esta reorganización obviamente empieza a haber dificultades, como las hay siempre en la vida de todos los pueblos, como todos muy bien sabemos y empieza a aparecer una pregunta fundamental entre los intelectuales, entre los escribas, que es la siguiente.

En la época de los jueces, de los caudillos de los que yo les hablé, en la época de esos reyes más importantes, en la época de las distintas dominaciones, ellos eran un pueblo relativamente rebelde, como dice el Antiguo Testamento, que respeta la biblia judía y que también respetan los musulmanes.

Eran un pueblo rebelde y había varias facciones religiosas. La facción religiosa de la adoración a un único Dios, Yahvé, Adonai, como le dicen hasta ahora los judíos, era una facción más.

Pero esa facción termina imponiéndose, entonces en la época que ellos vuelven del exilio de Babilonia y vuelven a recuperar sus tierras, y como los problemas continúan, empiezan a plantearse lo siguiente:

“Ahora nosotros adoramos al único dios verdadero, se acabaron esos ídolos de barro, ya no hay más becerros de oro, nosotros lo adoramos como corresponde. Entonces ¿qué pasa que todavía no somos felices?”

Y más o menos por esa época, nace la idea de que debían esperar a alguien que vendría a redimirlos. Esa promesa se readapta porque como les dije, después del regreso de Babilonia, que es lo que conocemos como el Antiguo Testamento, la gran mayoría en realidad, se pone por escrito, viene de alguna manera infiltrándose en los textos de la Biblia desde el principio.

Desde la caída de Adán y Eva hay una puerta abierta a la redención y después hay una promesa a Abraham, de que Dios va a hacer de él un pueblo grande, y después al rey David le dicen que uno de sus descendientes llegará y reinará para siempre, esto es el summum, el punto final, la frutilla del postre de toda esa idea mesiánica y dicen:

“Todavía falta algo, por eso no somos del todo dichosos, tiene que venir el Mesías.”

Esa idea, interpretada de esa manera, puesta por escrito recién entonces, pero que venía desde lejos va a determinar el nacimiento de una nueva religión.

¿En qué época nace esa nueva religión? Después de intentar otra vez ser independientes, con un grupo de patriotas que se llamaban los macabeos, cuya historia también pueden encontrar en la Biblia católica, que es un libro deuterocanónico (quiere decir que los católicos lo aceptan y otras religiones cristianas no, en la biblia judía no está, pero es parte de la historia) después de ese último intento, caen otra vez bajo el dominio de un imperio.

¿Y cuál era el imperio de ese momento? El Imperio Romano. Todas las naciones que rodeaban el Mediterráneo iban cayendo como fichas de dominó, hasta que le tocó el turno a Palestina, a Judea, bajo la fuerza de Pompeyo El Grande, que fue el que la conquistó y, cuando los acontecimientos que ahora vamos a narrar tengan lugar, toda la zona está bajo dominio romano.

Había un procurador que era el representante del emperador que, a la sazón iba a ser Tiberio. Tiberio era el hijo adoptivo del emperador Augusto. Hacía unos cuantos años que Roma había dejado de ser una república para pasar a ser un imperio y los emperadores se sucedían de uno a otro. Julio César había sido un dictador vitalicio y a partir de ahí su sobrino Augusto heredó el poder y a Augusto lo siguió Tiberio.

Tiberio gobierna, esta zona de Palestina era gobernada por unos tetrarcas, estaba dividida en cuatro zonas, una de las cuales era Judea; las otras eran Galilea, Samaria y Perea y hay un procurador romano vigilando que todo esté bien.

En ese clima nace Jesucristo. ¿Cuándo?

El asunto con un hombre tan importante, es que los problemas empiezan antes de que nazca.

Se hizo una cuenta, allá por el siglo VIII de nuestra era, porque hasta entonces se contaban los años desde la fundación de la ciudad de Roma. Como había sido un imperio y todavía eso permanecía, había una fórmula que era ab urbe condita, que quiere decir “desde la fundación de la ciudad” y los años todavía no se contaban como los contamos ahora.

Pero para ese entonces el cristianismo ya había ganado el mundo, el mundo que conocemos tal cual es hoy y entonces se decidieron a contar desde el nacimiento de Jesús.

¿Cómo hicieron la cuenta? Tomaron el evangelio de Lucas, calcularon la edad en que Lucas dice que Jesucristo empezó a predicar, fueron para atrás y dijeron “tiene que haber nacido tal año.” El doctor que hizo el cálculo se equivocó, porque el mismo Lucas dice que Jesucristo nació durante el reinado de Herodes el Grande y según el cálculo que tenemos hoy en día,

Herodes el Grande había muerto cuatro años antes de Cristo. Lo cual quiere decir que Cristo nació por lo menos cuatro años antes de Cristo.

Quiero aclarar que estamos haciendo un análisis histórico y que las creencias personales están más allá de la geografía, la historia e incluso lo que el sentido común dice a veces. A la gente religiosa, el día que Jesús nació le debe importar poco porque para la doctrina cristiana, de cada una de las religiones que vienen del cristianismo no es un tema importante.

Nació por lo menos el 4 a.C., sino un poquito más atrás, con lo cual no sabemos la edad exacta que tenía cuando empezó a predicar ya que el mismo Lucas dice: “-Tenía unos 30 años cuando empezó a predicar”; y este doctor que hizo el análisis para contar de nuevo la historia tomó el “unos 30 años” como si fueran 30 años exactos. Y no es lo mismo “unos 30 años” que 30 años.

No es lo mismo que una mujer diga “yo tengo unos treinta años” que tenga treinta años… Por ahí tiene treinta y siete, lo mismo pasó en esa situación y se cometió el primer error.

No todos los Evangelios hablan de cómo fue el nacimiento. Uno de ellos es el de Lucas, que da detalles, después Mateo da otros detalles y ni Marcos ni Juan se ocupan del tema. No se ocupan del tema porque ahí nos encontramos con el siguiente problema: el primer evangelio que se escribió fue el de Marcos, más allá de que figure en segundo lugar y del evangelio de Marcos otros tomaron ideas y escribieron los que conocimos después, agregándoles algunas cosas, hasta que vino Juan y escribió uno totalmente diferente.

Sin contar con los apócrifos, que después fueron desdeñados por la Iglesia Católica y eligieron estos cuatro. En estos cuatro hay muchas cosas en común, hay contradicciones también, que a veces son difíciles de amalgamar, pero eso queda ya a criterio de la fe de cada uno.

Había otro problema aquí, además del de la fecha de nacimiento. Había un profeta judío, que había profetizado que el Mesías nacería en Belén de Judá como dice la Biblia, porque había otra Belén de la tribu de Saulón (aclaran muy bien en qué Belén tiene que nacer) porque de ese pueblecito era el rey David, entonces esperaban que su descendiente más importante naciera ahí.

Si uno lee el evangelio de Marcos no habla de su nacimiento, pero sabemos que Jesucristo venía de la aldea de Nazaret, muy al norte de Belén, estaba en la otra región de Palestina.

Palestina dividida en cuatro regiones: Judea estaba al sur y Galilea estaba al norte, había otras dos, Samaria en el medio y Perea estaba a un costado. Jesucristo daba toda la impresión de que había nacido en Nazaret, entonces ¿cómo se resuelve el asunto?

El doctor Lucas (digo doctor porque era médico, era el médico de San Pablo, que también lo veremos aparecer en los Hechos de los Apóstoles) era un hombre muy culto y seguramente tenía algún talento literario, entonces trató de resolver esa contradicción de una manera, que sigue llamando la atención hasta hoy, supuestamente por su habilidad literaria, aunque podemos dudar de que sea cierto.

Si Jesús tenía que nacer en Belén, había que echar mano de algún recurso literario para que María y José fueran a Belén, y ¿qué se le ocurrió al doctor Lucas? un censo.

Un censo muy curioso, ¿por qué un censo curioso? Porque ¿cómo se censa a las personas desde esa época hasta ahora? Todos hemos pasado por un censo y lo sabemos. Esperamos en casa, llega una maestra de “unos treinta años”, que trata de ser muy amable, uno le invita un café, ella le toma los datos y se va.

Jamás se ha visto un censo donde digan que la gente tiene que ir a censarse al lugar donde nació. Sería terrible. Yo nací en Sáenz Peña, Chaco. Imagínense si cada vez que hay un censo me tengo que tomar un bus hasta Sáenz Peña y ahí hacer cola con todos los que nacieron en Sáenz Peña, algunos de los cuales seguramente en ese momento están viviendo en Tierra del Fuego, o fuera del país.

No es verosímil, pero sí es pintoresco: entonces vamos a hacerle caso y vamos a creer lo que Lucas narra, entonces agarra José a su esposa (el agarra no es caprichoso porque la sociedad de la época era fuertemente patriarcal, como es ésta, más allá de lo que nos puedan decir), la lleva a Belén, donde Lucas dice que José y María habían nacido presuntamente; vivían al norte pero habían nacido en Belén.

Hacia allá se dirigen los dos, con ella embarazada de forma avanzada, porque si como vamos a ver después Jesús nace en Belén durante el acaecimiento de este censo tan extraño, entonces ella tendría que estar en un estado avanzado de gravidez.

Lo demás es conocido por cualquier persona que haya nacido en Occidente, le llega la fecha de dar a luz cuando están en Belén, no hay lugar para ellos en los hospedajes, así que se las arreglan en un corral, que nosotros le decimos “pesebre”, que fue la palabra que se impuso y allí nace Jesucristo, con un nombre que era muy usado en la Palestina de aquella época, era muy usado por los judíos, pero que por supuesto para la gente creyente tiene un nuevo significado con todos esos sucesos. El nombre es Josué y pasó a la historia en su forma griega Jesús, que es como la conocemos ahora.

Allí nace Josué, que quiere decir “salvador”. Es un derivado de otro nombre judío Oseas, del Antiguo Testamento, que también quiere decir “salvador”, “salvación.”

Allí nace el Salvador según Lucas y según los demás evangelistas. Sabemos muy poco de su vida hasta que empezó su predicación, aunque otros evangelistas dicen que se quedó en el Templo un rato largo cuando era niño hablando con los doctores y sorprendiéndolos con sus conocimientos.

¿Por qué cada vez que hablamos de un hombre o de una mujer importante se nos ocurre que tiene que haber hecho algo importante de chico? ¿Por qué? Por ahí esperó hasta la madurez para hacer algo importante.

Un hombre inteligente o una mujer talentosa no necesariamente ha sido un niño inteligente o una niña talentosa, pero bueno, acá tenemos otro recurso literario muy útil que es verlo a él adolescente “ocupándose de las cosas de su padre” como le responde a María y a José cuando lo van a buscar, refiriéndose por supuesto a su padre que es Dios, o así le gusta presentarlo a éste evangelista o a él con conocimiento absoluto del destino que le esperaba. Cuando empieza su predicación él tenía “unos treinta años”.

Esta predicación se va a basar en un tema principal que si uno lee el texto bíblico se da cuenta de que es el tema saliente y es la llegada de “El reino de los cielos.”

Esta llegada del reino de los cielos, con una exhortación permanente a la gente para que se arrepienta, es el centro de la predicación, que después va a tener sus adláteres en los pedidos de amor, comprensión entre hermanos y muy especialmente de perdón.

Jesucristo va a predicar, como diría Borges con la alegoría, lo que después llamamos parábolas hoy en día y que son una manera fácil para que la gente rústica que era en gran medida quien lo seguía, entienda a qué se refiere.

¿Qué es una parábola? La parábola es como dijo Borges una alegoría, un relato por ejemplo con pájaros o con semillas y que de repente cobra otro significado cuando esos pájaros y esas semillas simbólicas se reemplazan por cosas que todos conocemos y la semilla de repente pasa a ser el amor y los lugares donde la semilla se deposita pasa a ser el alma de las personas, en un terreno más o menos fértil. Esa forma de predicar lo va a acompañar durante toda su vida pública.

Otros sucesos importantes de su vida pública son que visita el Templo de Jerusalén, el centro de la adoración de los judíos. Juan dice que estuvo tres veces allá en Judea, los otros evangelistas dicen que fue una sola vez, cuando ya estaba todo por terminarse, pero más allá de eso, lo cierto es que todos coinciden en que hubo una visita al Templo y allí se encontró con los cambistas.

¿Quiénes eran los cambistas? Eran hombres que hacían un negocio en la puerta del Templo, que consistía en dar cambio, porque los judíos tenían una ley según la cual las ceremonias religiosas que se hacían allí en el Templo tenían que hacerse con dinero judío; entonces si venía otra persona de un territorio alejado que venía con su propio dinero, con sus dólares, sus libras esterlinas o sus bolívares tenía que cambiarla por plata de acá, y para eso estaban los cambistas.

Es decir que su tarea era legítima y necesaria para respetar la ley judía, pero como todo negociante, habían empezado siendo útiles y terminaron haciendo su propio negocio. Sus negocios podían no ser legítimos y es probable que así fuese, es decir, que falsearan el cambio o que se aprovecharan de la ignorancia de los que venían a adorar al templo. La cuestión es que la puerta del templo estaba llena de cambistas, entonces Jesucristo en un ataque de ira se hace un látigo y vuelca las mesas y los empieza a correr repitiendo una frase de las Escrituras “mi padre dijo que a mi casa se la llamase casa de adoración y ustedes la han convertido en cueva de ladrones.”

Ese es uno de los estallidos de ira de Jesucristo que narran los Evangelios, el otro es cuando se acerca a una higuera porque estaba muy cansado y quiere comer de ella y la encuentra sin higos, pero no era temporada de higos, entonces él la maldice y dice: “- Nunca vuelvas a dar fruto” y la higuera se seca en ese momento.

No sabemos qué culpa tiene la higuera, porque no era época de higos, y es muy raro que los evangelistas narren esta historia de ira, cuando están tratando de hablar de una persona cuyo origen es divino.

Digo cuyo origen, porque también en esto difieren las confesiones cristianas. Algunos lo consideran un dios parte de una trinidad, donde hay tres personas pero sólo un dios único y otras no lo consideran así. Es cierto que la mayoría de las confesiones cristianas creen en la Trinidad, lo cual las separa de las otras dos grandes religiones monoteístas del mundo: el judaísmo y el Islam.

Porque tanto los judíos como los musulmanes son fuertemente monoteístas y les basta con apelar a la Escritura. Cualquiera que haya leído la biblia judía, toma el Antiguo Testamento y encontrará el texto que dice “Pueblo de Israel, tu dios Yahvé, es uno” un dios y los musulmanes ponen en boca de Alá las palabras “no digas trinidad”, como si fuera una afrenta, así lo consideran.

Es raro que los evangelistas narren estas cosas o tal vez no es raro, tal vez todo sea un misterio que alguna gente entiende por la fe y otros no porque muchos dicen que el Mesías era “totalmente divino y totalmente humano”, y por lo tanto estaba sometido a las pasiones que todos tenemos que soportar día a día. Por eso cito el episodio de la higuera, que no por ser pintoresco es el episodio más simpático de los milagros que hizo Jesús. El más simpático lo narra solamente Juan, el discípulo más joven de Jesucristo, y no sólo fue pintoresco sino que fue el primer milagro de Jesús.

Lo habían invitado a una boda, las bodas en ese momento duraban varios días, eran verdaderos banquetes y el vino era fundamental. Que se acabara el vino era una vergüenza para los organizadores de la boda. Pero ¿qué le pasa a esta pobre parejita que se estaba casando? Que se les acaba el vino. Va la madre de Jesucristo, María, que también estaba invitada y le dice: “- No tienen vino.” Cristo la mira como diciendo “¿y yo qué tengo que ver? ¿tengo cara de vinatero? ¿soy el almacenero de la esquina?” Bueno, no responde eso, acuérdense que yo lo estoy adaptando a nuestro lenguaje todo lo que él dijo, pero le dijo algo así como que “su momento no había llegado todavía” y sin embargo, termina ayudándolos.

Llena unas tinajas de las que habla el evangelio de Juan, que tendrían entre sesenta y cien litros cada una, imagínense lo que serían esas seis tinajas, les pide a los mayordomos que las llenen de agua, y obra su primer milagro de convertirlas en vino, al parecer un vino de excelente calidad y hubiera sido lindo estar ahí.

El relato termina cuando le dan a probar al mayordomo y éste llama al novio y le reclama porque la mayoría de la gente deja el vino malo para el final, porque como todos sabemos cuando se está en reuniones hasta las cuatro de la mañana y ya no queda cerveza, se toma el vino de cartón que quedó de la vez anterior.

Eso es lo que le reprocha el mayordomo al novio, que él haya dejado el mejor vino para el final, al revés de todo el mundo. Ese sería su milagro más simpático.

Jesucristo se reunía con gente con la que nadie quería reunirse, por ejemplo en un momento pasa por otro de los territorios de Palestina que es Samaria, que como dijimos Galilea quedaba al norte, Judea quedaba al sur y en el medio estaba Samaria. La gente de Judea no se entendía con los samaritanos, porque los samaritanos, según los judeos, eran gente que se había plantado ahí durante la dominación asiria, eran gente que había ocupado territorio cuando a ellos los echaron de ese territorio, entonces era obvio que les cayeran mal.

Pero los mismos samaritanos se decían a sí mismos judíos, porque decían “nosotros no somos gente que vino de fuera a ocupar este territorio cuando a ustedes los echaron, sino que somos gente que se quedó acá cuando a ustedes los echaron.”

Si eso les suena de alguna cuestión política actual no es casualidad. La cuestión es que no se entendían por eso, y quizás porque sus discípulos se habían ido a hacer alguna diligencia y cuando vuelven lo encuentran a Jesús hablando con una mujer samaritana muy amablemente, les sorprende.

No solamente que esté hablando con una samaritana, les sorprende que esté hablando con una mujer, porque no era para nada habitual que un hombre hablara con una mujer desconocida. Se mantenían las distancias pero al parecer, Jesucristo se ponía por encima de esas cosas.

También había ido a comer a la casa de un recaudador de impuestos y acá nos detenemos para decir qué era un recaudador de impuestos. En aquella época Palestina estaba dominada por el Imperio Romano, los recaudadores de impuestos formaban parte de la categoría más despreciada de aquel territorio.

¿Por qué? Porque una cosa es aguantar el dominio de una potencia extranjera, otra cosa es no rebelarse contra esa potencia extranjera porque uno tiene una familia o porque teme por su vida, pero otra cosa, que es el summum de la perversidad es recoger impuestos para esa potencia extranjera.

Eso hacían los publicanos. Hay que decir en descargo de ellos, que en general eran gente muy pobre, que no tenían otra salida, no tenían otra cosa para hacer y ellos mismos respondían a un recaudador más importante y a ese recaudador más importante que sí era un tipo rico, tenían que darle un dinero fijo, que era un dinero bastante grande.

Las conclusiones son fáciles de sacar. Para que el trabajo que ellos hacían les rindiera, tendrían al mismo tiempo que cobrar mucho, porque supongamos que, le debieran a ese ricachón cien denarios por día, tenían que hacer por lo menos ciento veinte para que les rindiera. Un denario era más o menos un jornal razonable en la época que hablamos, de hecho había jornaleros que cosechaban las viñas y otro tipo de tareas y ese era el jornal más o menos fijo.

Los publicanos eran odiados, pero Jesús acepta ir a comer a la casa de uno de ellos y este publicano se convierte en uno de sus discípulos, que después escribirá el evangelio de Mateo.

Leví, se llamaba; muchas personas en el Imperio tenían un nombre que respondía o que era típico de su zona y otro nombre más latinizado. El caso más famoso es el de Saulo, que va a ser uno de sus discípulos, después de la muerte de Jesús y que se convirtió en Pablo, así que no era sorprendente encontrar una persona con dos nombres.

Defendió a una mujer adúltera como relata Juan, en uno de los textos más exquisitos desde el punto de vista literario que tiene el Evangelio y además de hacer todo esto, desafió a las autoridades.

Especialmente Jesucristo se presentaba a sí mismo como un profeta que venía a cambiar las cosas. Él mismo decía: “- Vengo a poner al padre contra el hijo, al hermano contra la hermana…” que era una manera de decir que si se aceptaba su doctrina, eso iba a implicar, tener que enfrentarse a gente que quería conservar las cosas como estaban.

¿Quiénes quieren conservar siempre las cosas como están? Quienes se benefician de ellas.

Por eso hay progresistas y conservadores y los conservadores suelen ser a los que les va bien. Por sentido común, si les va bien no tienen por qué cambiar, el que quiere cambiar es el que le va mal.

Entre toda esta gente a la que le iba bien, estaban los ancianos, que se llamaban el Sanedrín, que era una especie de Senado. Esto de que los hombres más grandes se ocupen de la justicia, es algo que vemos alrededor de todo el mundo, en la antigüedad o ahora. De hecho la palabra “senado” viene del latín senex, que quiere decir anciano, como senectud o como sien dicen algunos, que es donde empiezan a aparecer las canas. Los ancianos se ocupaban de eso.

Los ancianos del Sanedrín empiezan a verlo con malos ojos, también lo ven con malos ojos dos facciones judías del momento: los fariseos y los saduceos, porque especialmente los fariseos eran personas que trataban de seguir la ley mosaica, la ley que Moisés le había dejado al pueblo judío.

Seguir una ley está muy bien, el problema es cuando esos rituales se vuelven cansadores y los rituales estaban por encima de la gente. Recomiendo a cualquier persona que ame la buena literatura, leer el libro de Isaías del Antiguo Testamento, especialmente el primer capítulo, donde Isaías pone en boca de Yahvé palabras que yo voy ahora a adaptar de memoria, pero Isaías dice que Yahvé está harto de sacrificios y de los rituales y de las ceremonias y de las solemnidades.

Entonces le dice “hagan justicia a la viuda, defiendan al huérfano, todos estos rituales se me han vuelto execrables.”

Lo pone a Dios hablando con un lenguaje fuerte e intenso. Hablando en un lenguaje que cualquiera de nosotros usaríamos cuando vemos a muchas religiones poniendo, lo ritual por sobre lo piadoso, el dogma, y es algo que nos dura hasta ahora.

En ese sentido, Jesucristo era un buen heredero del profeta Isaías y entonces hablando con adúlteras y prostitutas y con publicanos y con cualquier otro tipo de pecadores, se ganaba la antipatía del sector más conservador de la sociedad.

Todo termina en una acusación de que él quiere reemplazar las leyes judías y de alguna manera también una acusación de que estaba organizando una especie de rebelión contra el poder romano, y ahí hay otra cuestión: a los poderes, a los imperios no les gusta que las cosas cambien.

El hecho de que Jesucristo durante el juicio haya apelado a que su cambio era pacífico al Imperio le importaba poco.

Los cambios que algunas personas intentan por Internet son pacíficos, no convocan a las armas ni nada por el estilo y sabemos perfectamente que el imperio los sigue de cerca y que no le gusta. Bueno, eso mismo pasaba en la época que estamos relevando aquí.

Lo llevan a juicio, primero se ocupa Herodes Antipas, que era el hijo de Herodes el Grande, el que murió 4 a. C. porque Herodes Antipas era el jerarca de Galilea y de otra región que se llama Perea, pero como Jesús era de Galilea lo llevan primero con él. Pero después de ridiculizarlo un poco, Herodes se declara incompetente y se lo pasa al procurador romano. A Pilato lo van a ver los ancianos del Sanedrín y le dicen que quieren condenar a ese hombre, pero Pilato les dice que se lo lleven y que lo condenen con sus leyes.

La respuesta de Pilato era muy romana. Cada vez que los romanos conquistaban un país, después de pasar por los momentos de sangre y dureza y represión sin topes, no les importaba mucho a quién adoraba esa nación que habían conquistado y tampoco les importaba mucho que siguieran algunas costumbres, siempre y cuando esas costumbres no fueran en contra de la ley romana y pagasen los impuestos.

¿Por qué entraron en conflicto, primero con los judíos y después con los cristianos? Si los romanos conquistaban una región alejada de lo que era Germania en ese momento y la gente le decía que adoraban a los árboles, a los romanos no les importaba nada, les decían: “sigan adorando a los árboles, háganles monumentos a los árboles, a nosotros no nos importa, pero ahora ustedes responden al Emperador.”

Con los judíos y con los cristianos eso no se podía hacer porque ese respeto y esa devoción al Emperador la veían pecaminosa, Dios es uno y es el único que merece devoción y adoración y ahí empezaron los conflictos.

Hay algunos intelectuales que dicen que si el cristianismo no hubiera llegado, el judaísmo tenía grandes posibilidades de convertirse en esa nueva religión que acaparará todo el Mediterráneo y que se estaba esperando desde hace rato, porque ya la otra religión venía en decadencia. Eso es algo que se discutirá eternamente. Les digo por qué: el mismo autor que dice esto admite que el judaísmo era una religión tribal, encerrada en sí misma, de hecho hasta hoy se nace judío. Fíjense que los cristianos hacen proselitismo, algunos van casa por casa o hacen grandes homilías, el Islam hace proselitismo, en cambio no se sabe que el judaísmo haga proselitismo aunque ha habido algunas conversiones al judaísmo. Eso es la herencia de esa tribalidad.

Entonces el cristianismo, después de la muerte de Jesús amenaza con convertirse en una sección más del judaísmo y quedarse en el encierro, hasta que de la mano de San Pablo, un líder cuya actitud es opinable y va a seguir siendo opinable hasta el fin de los tiempos, lo abre a los gentiles que eran las personas de otras tierras y dice “no, esto no es para nosotros solamente” porque Pablo era judío obviamente “no es solamente para nosotros, sino que es para todos”, sentando las bases de lo que después fue la religión que todos conocemos.

Como sea, Pilato en los Evangelios es presentado como un hombre que no quiere condenar a Jesús. ¿Por qué lo presentan así y por qué es tan inverosímil? Al cristianismo le pasó lo que les pasa a la mayoría de las personas con sus padres. El padre del cristianismo es el judaísmo, pero a medida que el cristianismo crecía, quiso apartarse de las costumbres judías. Es más o menos lo que sucede cuando una nación se independiza: quiere apartarse.

¿De qué sirve liberarse, apartarse, si uno va a seguir con las costumbres del otro?

Entonces empezó a campear un alto antisemitismo dentro de los propios cristianos. No olvidemos que los primeros textos del Nuevo Testamento cronológicamente no son los Evangelios, son las Cartas de San Pablo.

Es decir, a San Pablo le debemos la creación del cristianismo como estructura. Pasarían por lo menos entre cuarenta y cincuenta años para que los primeros evangelios se escribieran después de la muerte de Jesús. Las anécdotas más típicas se pasaban de boca en boca, se hablaba mucho, se iba construyendo una especie de relato oral que después se fijó en los textos que hoy conocemos. Tan es así, que el último de los Evangelios, el de Juan, ya está cerca del final del siglo I.

Si uno quiere acercarse a lo más histórico de Jesucristo y pasa por alto el relato de los milagros y todo lo demás que es una cuestión de fe, el Evangelio al que tendría que acercarse es al de Marcos, porque sabemos que cronológicamente fue el primero. Con errores y todo, además es una linda lectura. El de Marcos sería lo más cerca que un texto escrito sobre la vida de Jesús, está de Jesús.

Como sea, no es probable que Pilatos haya tenido muchas vueltas para condenar a un hombre que había anunciado un reino nuevo, porque a Roma no le interesaba un reino nuevo, como no le interesa a Estados Unidos en este momento que China se agrande, para poner un ejemplo que todos podemos entender.

Así que es muy probable que Pilato lo haya condenado a todo ese martirio que históricamente conocemos como Pasión. La palabra pasión viene del griego y también significa martirio o sufrimiento. Cuando uno dice “estoy apasionado por fulano” debería detenerse un momento, porque está diciendo “estoy sufriendo por fulano o por fulana”. La pasión es sufrimiento y desde la época de la literatura romántica hasta ahora, nosotros no podemos ver el amor sin ese sufrimiento.

Por eso le decimos “la Pasión”. La primera vez que una persona en la catequesis escucha “la Pasión de Cristo”, si es un chico o una chica inteligente le debe llamar la atención. ¿Por qué la “pasión”? ¿Por qué no “la tortura” o “el martirio” o “los sufrimientos”?

La pasión viene por su origen y su significado más fuerte griego, que no es exactamente el que usamos en el lenguaje coloquial. Es muy probable que Pilato lo haya condenado por las suyas, pero el Evangelio lo muestra como dudoso y muestra al Sanedrín y al pueblo de Judea insistente en su reclamo de que lo crucifiquen. Creo que Lucas es el que lo pone en esa escena de lavarse las manos y decir “soy inocente de esta sangre” cosa que también es altamente improbable.

Tan improbable es por un dato más: a los pocos años de la crucifixión de Jesús, Pilato fue destituido por el emperador romano por crueldad, o sea que no era para nada un hombre conciliador. De hecho se había manchado las manos de sangre en una represión brutal contra los samaritanos en una de las tantas revueltas que había en la época, y miren que, para que un emperador romano considerara que una represión había sido brutal, es porque esa represión debe haber sido inimaginable.

El imperio romano no consideraba brutal que le dieran unos palos, eso no era brutalidad, eso era cosa de todos los días. Así que para que el emperador haya considerado que Pilato era brutal y había procedido con crueldad, imagínense lo que habrá sido aquella represión. Bueno, así era Pilato y es probablemente el verdadero autor de la condena, aunque con toda seguridad al Sanedrín y a otras personas de la población no les venía nada mal.

Los Evangelios siguen narrando, dicen que como era la Pascua Judía, Pilato les ofrece liberar a uno de los presos que tenía, que era lo habitual en la Pascua, un acto de clemencia y propone a dos, uno que es Jesucristo y otro que es Barrabás. Barrabás era el jefe de unos rebeldes, gente que luchaba contra la dominación del Imperio. Para gente como yo, un héroe romántico, para los cristianos, obviamente por las circunstancias narradas, pasó a ser una especie de símbolo del mal.

Lo más curioso es que Barrabás quiere decir hijo del padre. Bar o ben es uno de los términos que usan los judíos para referirse a hijo y abba es padre, o sea que se llamaba igual que Jesús o se le podía aplicar el mismo mote y además su nombre de pila era Josué. Se llamaban igual y tenían el mismo apodo.

Lo cierto, siempre según el relato de los Evangelios es que la gente que hacía poquito había recibido a Jesucristo como un héroe, grita para que lo crucifiquen y después sucede lo que todos hemos escuchado y acá vamos a repasar para aclarar algunos equívocos.

La crucifixión era una condena muy habitual en el Imperio. Más allá de llamarla crucifixión por la cruz, lo que discuten los expertos es si siempre había un tabique cruzado en ese empalamiento. Lo que es seguro es que era un empalamiento. De hecho a veces ni siquiera se necesitaba una cruz, se empalaba a la gente en los árboles, aprovechando la manera práctica que tenían los romanos.

Si había un árbol ahí, ahí clavaban a las personas y sabemos que obviamente que esta condena fue la condena a morir, fijado en un madero y clavado. No sabemos si tenía un tabique, los que más dudan son los más puristas porque, de hecho, la cruz es uno de los símbolos más conocidos de la Humanidad. Era muy anterior al cristianismo y seguirá siendo importante después de que el cristianismo ya no esté. Para la gente de fe ese momento no llegará nunca, pero no estamos hablando ahora de eso, pero la cruz era un símbolo que se usaba desde siempre. Algunos dicen que la cruz quedó en la imaginación de la gente porque era un símbolo importante.

Era un empalamiento en vertical, en un árbol o en un madero y probablemente hayan puesto un tabique para los brazos. Se clavaba al reo en el metacarpo, como sabemos desde hace un siglo o dos, lo cual deja muy en duda a la gente que tenía los estigmas, porque hay algo curioso: los estigmas en la Edad Media aparecían en la palma por lo que se veía en los retratos y después empezaron entonces a reconsiderar dónde tenían que aparecerles, dejamos todo eso a las personas de fe.

Jamás los clavos pudieron entrar en las palmas porque el cuerpo se hubiera desgarrado con el peso. Hoy lo sabemos usando el sentido común. Aquí hubiera producido un desgarramiento rápido. La crucifixión era una forma de muerte terrible; antes de crucificarlo además Jesucristo pasa por otras torturas, le ponen una corona de espinas, una espina que crecía allí en la zona de Palestina, “corona de Cristo”.

Le dan latigazos, no sabemos cuántos porque los evangelistas no dicen el número de latigazos que le dieron. Sabemos que la ley judía no permitía que se le dieran más de cuarenta, porque en la ley que Moisés dio a los judíos, pone en boca de Dios las palabras de que “no puede quedar el reo en un estado miserable”, por eso cuarenta les pareció un número justo. cuarenta es casi un número misericordioso para la antigüedad que nosotros estamos relevando.

Obviamente a nosotros como personas modernas nos parece una exageración, pero lo cierto es que todas las religiones antiguas tenían métodos de tortura y poner un número límite a los latigazos era un acto de clemencia, pero la ley romana no tenía límite para los latigazos, así que le pueden haber dado cien o doscientos o más, no lo sabremos nunca, no está atestiguado.

Los testimonios que tenemos de Jesucristo fuera de los Evangelios son escasísimos, entonces no nos queda más remedio que basarnos en los Evangelios y tratar de sacar lo que es mitología.

Flavio Josefo era un historiador judío de una familia pudiente y dicen que lo menciona al pasar. También lo menciona el historiador romano Tácito y lo menciona otro más, pero todos muy al pasar, dicen dos palabras, algunos incluso sospechan que pudo haber agregados de los copistas cristianos, cuando el cristianismo empezó a triunfar y que en realidad todos estos historiadores que estamos mencionando, no lo mencionaron a Jesús, sino que después hicieron una adenda. Los copistas lo hacían a veces, ésa es tarea para los escrituristas porque siempre están investigando cuáles son la mayor cantidad de testimonios escritos, cuál es menor, cuál es dudosa y cuál no lo es. Insisto, fuera de los Evangelios hay escrito de Jesucristo muy poco.

La crucifixión se lleva a cabo en medio de una situación terrible. Jesucristo estaba desnudo totalmente porque era la manera que se crucificaba, obviamente después en las pinturas lo veremos con una especie de taparrabo, por razones obvias del pudor de los artistas que lo dramatizaron.

Muere un día viernes, se dice que aproximadamente a las tres de la tarde y durante la crucifixión se relatan otras cosas, entre ellas una promesa a uno de los crucificados a su lado, todo de fuerte espíritu dramático y también inverosímil y lo que sí sabemos casi con toda seguridad, es que hay dos actos de clemencia que se tienen con Jesús mientras está en la cruz, dos actos de clemencia habituales en un Imperio que no se caracterizaba por su piedad.

Una es que en un momento le acercan una esponja con un narcótico calmante sabemos hoy, que se les daba a los crucificados para que soportaran un poco mejor el dolor.

Los evangelistas no se ponen de acuerdo en si llegó a beberla o no, alguno dice que lo probó y no lo tomó, el otro dice que sí que lo aceptó. Llegada cierta hora, además a los crucificados los mataban de una manera contundente.

Esto también era una manera de clemencia: la crucifixión podía durar días. Si duraba días, ése tormento debe haber sido inimaginable, entonces estaba la costumbre de que después de que pasaban algunas horas, se les quebraban las piernas a los condenados, porque al quebrarles las piernas y liberarlos del sostén de su propio cuerpo, la muerte se aceleraba, casi siempre por un paro cardíaco.

Cuando se acercan a Jesucristo, ya lo encuentran muerto, por lo tanto no le quiebran las piernas, respondiendo a una profecía hecha unos siglos antes y le clavan una lanza en el costado.

Antes pasan otras situaciones increíblemente dramáticas, como que mientras Jesús espera que lo vengan a arrestar, hace una oración en un jardín, el Getsemaní. Lucas dice que “lloró sangre”; es interesante que lo diga él que era doctor, que tenía los conocimientos y sabía que esa era una probabilidad. Hoy sabemos que el llanto de sangre efectivamente existe, tiene un nombre técnico en medicina, se ve poco, pero eso puede ir en favor de la verosimilitud del relato.

Como sea, ya empezaba el sábado judío, que era y sigue siendo según los judíos más observantes el día de descanso, y el sábado judío empieza el viernes a la tarde. No se podía dejar ningún crucificado allí. Eran las leyes judías, que mientras no se enfrentaran a las leyes romanas, los romanos las respetaban, como respetaban también a los otros pueblos. La cuestión es que un ricachón se ofrece a bajar el cuerpo, José de Arimatea y lo entierran en una tumba nueva. Colocan una piedra y todo lo demás es cuestión de fe.

Podemos agregar algo interesante: en la mayoría de los Evangelios la primera que ve a Jesús resucitado es María Magdalena, otro protagonismo muy importante en los Evangelios, lo que hace siempre reivindicar esa parte de Jesucristo.

Me gustaría llamar la atención sobre otra cuestión que también interesa, tanto a los creyentes como a los no creyentes. Los Evangelios en la Biblia están en este orden: Mateo, Marcos, Lucas y Juan: es casi el orden en que se escribieron históricamente, salvo por una excepción, el primero fue el de Marcos, después se escribió el de Mateo, después el de Lucas y después el de Juan.

Si uno agarra el Evangelio de Marcos, el relato de los hechos posteriores a la crucifixión es muy breve. Las mujeres se encuentran con la tumba abierta, con la piedra corrida, con un ángel que les dice “Jesús ha resucitado como ha dicho” y hay muy poco más que eso.

En el Evangelio de Mateo ya tenemos algunas escenas posteriores, incluso el encuentro con los discípulos, donde les da la orden de recorrer el mundo y predicar. En el de Lucas tenemos varios encuentros con el Jesucristo resucitado, incluida una caminata, que entre la gente religiosa se llama “el camino de Emaús”, donde se pone a acompañar a dos de sus discípulos, no se revela ante ellos hasta tarde y el que más trabaja esa etapa posterior a la muerte es Juan.

Eso le da una idea a los positivistas de que la mitología fue creciendo a medida que se escribían nuevos evangelios.

A la gente creyente sólo le da la idea de que unos evangelistas sabían unas cosas y otros otras. Es una discusión que lleva siglos y no la esperamos resolver nosotros aquí, pero queríamos llamar la atención sobre esa cuestión.

Desde el punto de vista de los agnósticos, como yo, recomiendo un cuento de Borges, de su última etapa cuando ya tenía más de setenta años, y había escrito unos cuentos muy breves que están en sus libros “El libro de arena” y “El informe de Brodie”, el libro es sobre Judas “La secta de los treinta”, pero me quiero detener en una reflexión que hace Borges mientras cuenta: empieza a enumerar todos los sucesos dramáticos que narran los Evangelios y dice que fue necesario todo eso para que la religión naciera. Entonces, personas como yo, que además de agnósticos somos escritores pensamos que, un buen relato puede permanecer a través del tiempo y que en gran medida la supervivencia del cristianismo fue por esos relatos excelentes.

Ya tenían una historia de relatos excelentes, con lo que los cristianos llaman el Antiguo Testamento y son las escrituras judías. En aquellos libros previos al advenimiento del cristianismo, hay libros que son excelentes y que tendrían que estar en el panteón de la literatura, especialmente el libro de Isaías, el libro de Job, que se puede leer palabra por palabra, porque es brillante, es una especie de discusión entre un hombre muy enfermo y muy torturado y sus amigos, el Génesis mismo tiene momentos excelentes desde el punto de vista dramático y los Evangelios también los tienen.

De hecho en este cuento de Borges, él enumera todas las situaciones dramáticas, algunas que hemos mencionado y otras que no. La llegada de Jesucristo unos días antes y que es recibido con toda la gloria en Judea, la última cena, la exhortación a Judas para que haga lo que tiene que hacer, la traición de uno de los discípulos, la agonía en el Jardín de Getsemaní, el llanto de sangre, las treinta monedas, las negaciones de Pedro, es decir, parece realmente la obra de un escritor soberbio. Esa es la posición que yo tengo con respecto al texto y después de todas esas recomendaciones, hay muchas cosas que quedaron por decir, pero para despedirnos vamos a tomar las últimas palabras del Evangelio de Juan “si se escribieran todas no alcanzarían todos los libros del mundo”.

Es muy interesante que el Evangelio de Juan, el cuarto de los Evangelios canónicos, empieza con las palabras “En el principio era la palabra o el verbo” según la traducción “y la palabra estaba con Dios y la palabra era Dios.” O sea, empieza de una manera que era exquisitamente literaria diciendo que la palabra es lo que nos hace humanos y llama a Jesucristo “la palabra”, y curiosa o intencionadamente, el mismo evangelio termina con una alusión a la literatura cuando Juan dice: “si contara todo lo que hizo Jesús, no alcanzarían los libros en el mundo para poner todas sus historias” y esto lo vamos a tomar nosotros como un apoyo a nuestra teoría.

Jesús, básicamente fue un revolucionario y alguien que vino a romper todos los esquemas del status quo de ese momento y muchas de sus enseñanzas siguen valiendo aún hoy a cualquier persona que quiera ir por la vida, por el buen camino “haciendo el bien, sin mirar a quién”.

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Por admin

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